Marcas que no se borran

por Emiliano Rodríguez Briceño
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Un funcionario del Banco Mundial me propuso seleccionar una ciudad en México, en la cual pudiera llevarse a cabo un estudio para integrar, a nivel de proyecto piloto, toda la planificación hídrica, conjuntando los planes maestros de servicios de agua y saneamiento, el plan maestro de desarrollo urbano y el plan maestro de control pluvial. El objetivo era que se tuviera un solo marco de planeación integral, bajo el control de una institución.

En muchas ciudades de América Latina existen alguno o todos estos planes maestros, pero realizados de forma independiente y sin que dicha planeación sea congruente, dando lugar a conflictos y desencuentros, en los momentos de construir obras o atender emergencias.

El Banco estaba financiando en otros países proyectos semejantes y podría hacerlo en México, con la única condición de que, donde se realizara, el proyecto quedara institucionalizado y tuviera un seguimiento efectivo.

Buscando entre las ciudades que pudieran participar, analizamos Querétaro como una de las más viables. Acababan de pasar las elecciones y estaban por tomar posesión las autoridades locales, lo que representaba que si se hacía, se contaría con un período suficiente para llevar a término el proyecto. La ciudad, en acelerado crecimiento, estaba enfrentando fuertes problemas pluviales de diverso tipo. Teníamos relación de trabajo con personal del área de posgrado de ingeniería de la Universidad Autónoma de Querétaro, cuya participación en el proyecto era considerada por el Banco, como de bastante importancia, para dejar localmente, conocimiento y tecnología derivados de la formulación de los planes maestros.

Nos pusimos en contacto con el personal de la Universidad, quien casualmente formaba parte de una comisión que habían integrado en el estado, para encontrar solución a los problemas pluviales y que además tenía contacto con el personal que presidía esos aspectos, dentro del equipo del gobernador electo, de quien necesitábamos el visto bueno.

Una vez corridos los trámites previos, nos reunimos en Querétaro, el funcionario del Banco, nuestro contacto de la Universidad, el personal designado por el gobernador electo y yo, en el papel de hacer las presentaciones pertinentes. Se hizo el planteamiento del proyecto, sus objetivos y condicionantes, todo lo cual fue recibido con un gran interés y fijamos una próxima reunión, en cuanto tomara posesión el nuevo gobierno.

Después de la toma de posesión, fuimos avisados y se programó una reunión con personal del gobierno de Querétaro ya en funciones. Nos reunimos con la misma persona en su papel de Secretario o Director General de una dependencia, que nos explicó, estaba en plena transformación y a cargo de la cual, quedaría el nuevo proyecto. Se plantearon esquemas de trabajo, incluyendo una parte que se llevaría a cabo con la Universidad y quedó como siguiente paso, la formulación oficial de la solicitud del estudio por parte del Gobierno de Querétaro al Banco Mundial. El funcionario del estado quedó en enviar la solicitud al Banco.

En ese momento mi participación había finalizado prácticamente. Todo el trabajo siguiente no demandaría mi intervención, a menos que el Banco requiriera de la CONAGUA alguna certificación o validación oficial.

Un tiempo después, el funcionario del Banco me llamó para decirme que todavía no recibía la solicitud del Gobierno de Querétaro. Más tarde, en una visita a mi oficina, insistió en no haber recibido ninguna comunicación del estado, por lo que llamé por teléfono al personal de la Universidad, quien era mi contacto, para preguntarle que pasaba con el proyecto y me contestó: – No se nada. Incluso me han corrido de la Comisión por mis amistades partidistas.-

Sin entender a que se refería, o de que amistades se trataba, le pedí que me explicara. Su respuesta fue inmediata: – A ti, porque eres priista y no quieren saber nada de tratos con gente de tu partido- Extrañado le pregunté sobre lo que pasaría con el proyecto, a lo que me contestó su ignorancia al respecto y su opinión de que el gobierno no haría nada.

Desde el momento de hacer la llamada, había mantenido abierto el micrófono del teléfono, para que oyera la plática el funcionario del Banco. Supongo que su cara de asombro, era reflejo de la mía. Me despedí, colgué el teléfono y le dije – Pues ya oiste directamente lo que pasa-.

Independientemente de mis íntimas preferencias, íntimas porque nunca he sido un partidista militantemente activo, profesionalmente he trabajado en Aguascalientes, Jalisco y Guanajuato con gobiernos del mismo color, sin tener problemas de tipo político. Sin embargo para los queretanos de ese color, hay marcas que no se borran, aunque eso represente rechazar el financiamiento gratuito del Banco Mundial, de un proyecto tan importante, teniendo problemas que aun no solucionan en la ciudad.

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