La nueva norma de vertido de aguas residuales

por Emiliano Rodríguez Briceño
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Durante el último encuentro virtual celebrado por ANEAS, al que tuvieron la amabilidad de invitarme para exponer un tema, por razones de coordinación lógica, me conecté anticipadamente y asistí a una presentación sobre la nueva norma sobre calidad de aguas residuales para vertido que se está impulsando con la serie de críticas por parte de quienes sienten que no se consensó adecuadamente. No siendo más que un “villamelón” en la materia, que es o debería ser de interés para todos los interesados y responsables de los servicios públicos de agua potable y saneamiento, había evitado hablar del tema, aunque siento que probablemente quienes debían ser el fiel de la balanza son los responsables de tener que enfrentar el cumplimiento de la norma o las sanciones que pudieran derivarse de su incumplimiento.

La participación en la conferencia del Maestro Roberto Contreras, quien fuera responsable del área correspondiente en CONAGUA por mucho tiempo, me llamó la atención sobre algunos temas que considero cruciales, sobre todo precisamente para los responsables de los servicios y por lo que me permito escribir mi humilde opinión, parafraseando parte de las opiniones de Roberto ante quien me disculpo si no las interpreté adecuadamente, y resaltando lo que me parece que podría resultar un futuro anunciado no muy grato.

Entiendo y acepto de antemano que la norma que se pretende cambiar pudiera estar falta de actualización ante el avance de los conocimientos y avances en la materia y que existen motivos sustentados para hacer una nueva, sobre todo, con un contenido que privilegie la salud y el medio ambiente de mejor manera que la norma existente con especificaciones ya probadas y existentes en otros países.

Sin embargo, cabe hacer algunas preguntas. La norma existente, ¿se cumplía cabalmente en todo el país y por todos los operadores de servicios públicos y por la industria? Parece que es evidente que no. Parece que la mayor aproximación es que mucho más del 30% de las aguas residuales vertidas no llegaban a cumplir con la norma y que los cauces nacionales resienten una contaminación que sería muchísimo menor si al menos el 90% de las descargas estuvieran cumpliéndola, lo que haría razonable que quisiera darse un paso adelante haciendo ajustes a nuestros objetivos normativos para mejorar las condiciones del país.

De las plantas existentes, de acuerdo con la información con la que se cuenta, la mitad no funcionan y la otra mitad no se opera en toda su capacidad, fundamentalmente por razones económicas, propiciadas por la falta de capacidad de supervisión y la falta de recursos para apoyar la operación de las que no cuentan con recursos para ello.

Varios parámetros adicionados en la nueva norma y otros cuyo valor fue ajustado, hacen que las plantas existentes en operación en su casi totalidad requieran de inversiones para ajustar su tecnología para el cumplimiento y muchas requerirían de una transformación que las reducirían a su obsolescencia. Esto haría que de inmediato, al publicarse la norma, ésta estaría en incumplimiento virtual aun en aquellas plantas en operación. Si hubiera los recursos suficientes para su inversión inmediata (¿los habría en un tiempo razonable?) todas aquellas que estuvieran modificándose no podrían cumplir siquiera la norma anterior. Pero más allá, aparentemente los laboratorios existentes no tienen capacidad para la verificación de algunos de los parámetros considerados en la nueva norma.

Aun resolviendo los aspectos anteriores en un tiempo razonable (¿cuál podría ser ese tiempo razonable?), disponer de recursos, modificación de instalaciones, construcción de las nuevas, ampliación de laboratorios, los costos de operación de las plantas y de verificación se verían incrementados y hemos dicho que las plantas no se operan en toda su capacidad por razones económicas. La supervisión y control de la calidad de vertidos, que hoy no es suficiente, ¿se incrementarían o seguirían siendo tan laxos e ineficientes como hoy?

Pero un detalle me llamó más la atención. Se pretende que la norma esté sujeta a revisión cada 5 años con sus posibles modificaciones. O sea, después de 5 años en los que podríamos o quisiéramos suponer que el plan de conseguir recursos, hacer proyectos, iniciar modificaciones estuviera en marcha, ¿enfrentaríamos una nueva modificación sin saber en que dirección podría venir? ¡Veo a Kafka viniendo desde el horizonte!

Creo que enfrentar una posible norma como la planteada, debería exigir medir todas sus consecuencias y no solo las positivas derivadas de su cumplimiento inmediato, las cuales serían seguramente deseables. Requeriría un plan de cumplimiento y puesta en marcha, un período transicional con acciones sustentadas en aceptación de todos los actores, presupuestos de apoyo para quienes, como los municipios y organismos operadores lo demandaran, una previsión de sustentamiento de los costos de operación definidos por las necesidades de la nueva norma y un programa de supervisión de control que hiciera viable la obtención de resultados.

Si esto está en marcha debería de darse a conocer a todos los críticos de la norma y lograr un consenso para su aplicación en beneficio de México y sus habitantes. Si es el proyecto técnico de una norma deseable, sin el análisis detallado de todas las consecuencias y con el respaldo que haga posible su cumplimiento en todos los estratos de la sociedad, caminaremos hacia una disposición de letra muerta como muchas más, deseables, pero sin viabilidad.

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2 comentarios

Martha Patricia Urenda Delgado 9 diciembre, 2021 - 3:14 pm

Hola Ing. Me da gusto leer sus artículos , le mando un fuerte abrazo , desde Nayarit

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José Antonio Gutiérrez Zenteno 9 diciembre, 2021 - 9:00 pm

Muy importante que los expertos en la materia participen y estén completamente enterados de lo que se pretende hacer, coincido ingeniero Emiliano si esto se lleva a cabo es letra muerta sin ningún beneficio para los mexicanos, falta mucho por hacer y cada día la contaminación de los cuerpos de agua es mayor,las plantas no operan por falta de recursos e interés. Últimamente tuve la oportunidad de visitar la baja california y la verdad hay muchos problemas con las plantas de tratamiento están en manos de gente que no les interesa resolver este problema, existe un gran déficit de agua potable en la baja california norte y no lo entienden los que supuestamente quieren invertir en el tratamiento de las aguas como sería el manejo integral del recurso.

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