La destrucción de un paradigma

por Emiliano Rodríguez Briceño
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Cuando enfrenté la tarea de escribir este artículo, recordé una obra de teatro que estuvo en boga en los lejanos 60s que tenía el nombre de “Asesinato de una conciencia”. Nombre impactante y obra que enfrentó la prohibición de su puesta en escena en varias ciudades muy conservadoras del país. Tenía como interés agregado, la celebración al final de la misma, de un debate entre los asistentes que quisieran participar, los actores y el autor de la obra. El autor aceptaba de buen grado que el título era a propósito provocador para atraer la atención y crear una expectativa en el público. En esas condiciones pensé titular esta reflexión “Asesinato de una ilusión”, pero me pareció muy dramático para un caso más de perversión y corrupción con que se da fin a honestos intentos de mejorar nuestra sociedad y los servicios que se prestan a la misma.

Ante la falta de herramientas legales que puedan consolidar los servicios públicos de agua potable y saneamiento y regularlos eficientemente, se ha acudido a variados mecanismos, todos bien intencionados, pero que han resultado eficaces por momentos sin alcanzar del todo sus objetivos.

Probablemente el más generalizado es el concebir que al igual que una empresa de la iniciativa privada, un organismo operador debe tener un consejo de administración o consejo directivo, con participación ciudadana para equilibrar el papel del sector gubernamental y dar un giro del organismo hacia un papel más técnico que político y poner los objetivos orientados al mejoramiento de los servicios y la atención hacia los usuarios, viéndolos más como clientes que como beneficiarios. Algunos programas de inversión oficiales y financieros de la banca de desarrollo han incluido en sus condiciones para el otorgamiento de recursos, la existencia de “consejos de administración ciudadanizados”, cualquier cosa que eso signifique en español (¿tendrán mayoría de edad definida?).

He conocido de todo tipo de esos consejos en los que el éxito para alcanzar los objetivos teóricos ha sido muy escaso. Las causas son muy variadas, pero creo que en el fondo los objetivos se han maquillado, o los consejeros no entienden su papel o el poder del control económico o político no quiere soltarse y sin el apoyo de un marco regulador el deterioro lleva a más de lo mismo.

En algunos de estos consejos, en la inmensa mayoría, mejor dicho, la presidencia del consejo se le reserva a la máxima autoridad política, el gobernador o el presidente municipal, en pocos casos a la persona que designe para sustituirlo. En muy pocos la participación ciudadana tiene mayoría, en la generalidad se reduce a unos pocos miembros entre una mayoría de funcionarios para poder exponerlos como “ciudadanizados”. Y en casi todos los casos se proponen candidatos que son elegidos en forma discrecional por el gobernador o el presidente municipal.

Cuando la participación ciudadana es mayoría, o al menos es mayor que uno o dos, entonces se topa con los intereses personales o de grupo, sin tomar en cuenta cual es el espíritu de participación de un consejero en una empresa. Los consejos de administración empresariales tienen fundamentalmente como objetivo los intereses de la empresa. Aun en el caso de los llamados consejeros independientes, no pueden ser clientes, beneficiarios o con intereses personales dependientes de la empresa. No tienen como objetivo más que los de la empresa. En los consejos de organismos operadores, los consejeros debieran tener como objetivo los intereses del organismo, su sostenibilidad, su posicionamiento y la eficiencia de los servicios que se prestan, no los del grupo o empresa que los ha promovido. Pero no siempre se da esta situación. Algunos, siendo empresarios, parte de gremios, representantes de vivienderos, están incrustados buscando beneficios para sus representados o sus empresas privadas a costa de la propia estabilidad de los organismos operadores.

¿Excepciones? Claro que las hay, pero sin un marco regulatorio eficaz nos pasa lo que dice la canción:

“Las cosas tan hermosas duran poco,
Jamás duró una flor dos primaveras,
El invierno llega, aunque no quieras”

El gobierno de Guanajuato y sus municipios hicieron un intento serio. Crearon para los organismos descentralizados, verdaderos consejos con participación ciudadana sin la presidencia para el dirigente político y con amplias mayorías de representantes de la sociedad. El organismo operador de la ciudad de León, bajo ese modelo y con gente honesta y visionaria como los licenciados Mario Plascencia y Vicente Guerrero evolucionó hasta convertirse en un modelo y paradigma de buena administración. Llegó a ser a pesar de muchos, el mejor organismo de agua y saneamiento, con amplia cobertura, servicio 24×7 en casi toda su extensión, agua potable y plena autosuficiencia técnica y financiera. Se llegó a garantizar plenamente la calidad del agua, instalar bebederos públicos y tomas públicas en colonias irregulares para hacer realidad el derecho al agua, se llegó a tratar el 100% de las aguas residuales y se fomentó el segundo uso en diversos casos. Se ganaron premios nacionales e internacionales, pero las cosas tan hermosas duran poco. El paradigma se rompió.

Lo que sigue no pareciera algo que sucede en el México moderno, pasa en un país perdido en donde se sitúan los cuentos kafkianos. Cuando se impuso el modelo de transparencia y se implantó el derecho a la información, las sesiones del consejo de administración debieron hacerse a puerta abierta con asistencia libre, incluyendo a representantes de la prensa. El consejo formado primero por 13 miembro y luego por 17, solo tenía como representantes del cabildo municipal a 3 y luego a 4 miembros. En las sesiones había encuentros de opiniones y cuestionamientos a la dirección hasta llegar a acuerdos aceptados por todos. Para obviar las discusiones que podrían dar lugar a comentarios no bien intencionados del público o la prensa, se propuso formar comisiones de los consejeros que discutieran previamente asuntos específicos y consultaran con la dirección y sus gerencias, para llegar a la sesión del consejo con acuerdos ya planchados, haciendo las sesiones más ágiles y sin controversias. ¿Funcionó? Sí, mientras quienes acordaron el sistema permanecieron en el consejo. Después, poco a poco comenzó la distorsión de los objetivos y los roles.

Cuando en 2016 o 2017 se nombra un director cuya única experiencia era financiera, comienza en serio un proceso de deterioro casi generalizado. El objetivo de la dirección se convierte en acumular efectivo en los bancos, el servicio va deteriorando su calidad, el objetivo de servicio 24 horas se pierde y se retoman los tandeos. Los consejeros, ante la falta de experiencia técnica de la dirección, asumen posturas ejecutivas en las comisiones formadas, interfiriendo en forma absurda con las gerencias operativas. Ponen y quitan personal de sus puestos, a veces atendiendo a cuestiones afectivas, tratan de imponer cambios en la estructura funcional y lo peor, es que lo sancionan con cambios al reglamento del organismo ante el cabildo municipal, que con una falta total de criterio hace modificaciones sin sentido.

Se imponen intereses personales, políticos y económicos de los miembros del consejo, se rompen procesos por desconocimiento y llegan con una criminal falta de responsabilidad y criterio, a propiciar la muerte de 5 personas en labores de inspección y mantenimiento. Aumentan los miembros del consejo, hacen cambios para que los consejeros puedan alargar su período en el consejo, las tarifas se discuten sin un verdadero criterio de sostenibilidad y los benditos vivienderos se benefician interviniendo en la determinación de los derechos de infraestructura poniendo en riesgo el futuro del organismo.

El organismo sobrevivirá porque su estructura lo permitirá. Pero el invierno llega, aunque no quieras. Y en el tiempo quizá se puedan enmendar caminos que lleven el agua por mejores cauces, cuando menos es lo deseable.

Una cosa es de hacerse notar. Siendo la mayoría empresarios más o menos exitosos, han actuado en contra de sus propios idearios conceptuales.

Del “Código de principios y mejores prácticas de gobierno corporativo” del Consejo Coordinador Empresarial:

“… es claro que la labor del Consejo de Administración es definir el rumbo estratégico, vigilar la operación y aprobar la gestión, mientras que el Director General tiene a su cargo la gestión, conducción y ejecución de los negocios sujetándose a las estrategias y lineamientos aprobados por el Consejo de Administración; en la medida que esta distinción se mantenga, será sencillo determinar las líneas de autoridad y de responsabilidad.”

“… El Comité considera que es importante tener muy claras las funciones del Consejo de Administración y no involucrarlo en otras actividades que son de la operación diaria de la sociedad y por lo tanto atribuciones del Director General y su equipo de dirección, pues eso traería confusión y dilución de la autoridad y la responsabilidad.

MEJOR PRÁCTICA 9

Se sugiere que las funciones del Consejo de Administración no involucren actividades de la Dirección General y su equipo de dirección, con objeto de que las líneas de autoridad y de responsabilidad sean transparentes.”

Entonces ¿Por qué la distorsión tan patente? ¿quizá porque no han podido ver al organismo como una empresa pública indispensable para la ciudad, sino como una caja abierta digna de ser depredada económica y políticamente?

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