Cartera vencida. Un amenazante fantasma

por Emiliano Rodríguez Briceño
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Cuando el adeudo de un usuario rebasa los seis meses o el año, dependiendo del organismo operador y sus reglamentos, escritos o no, se convierte en cartera vencida. Una cuenta que crece y crece hasta convertirse en un verdadero fantasma para el organismo operador. En algunos casos, el organismo contabiliza solamente la parte de la facturación que efectivamente cobra, enterrando la cartera vencida en cuentas de orden que no se muestran en la contabilidad normal, como un recordatorio para el caso en que sea cobrada, alcanzando en ocasiones el importe de varios años de facturación y en otros casos, ni siquiera se registran.

¿Por qué pasa esto?

Hay muchas circunstancias que concurren a crear y agravar esta situación. La primera de ellas es que se considera como deudor al predio y no a su ocupante, ni siquiera si es el legítimo propietario. Cuando se instala una toma domiciliaria y se comienza el proceso de facturación, habiendo un contrato o no, se establece una liga peor que el más fuerte de los matrimonios. Hasta que la muerte nos separe!! No!! Esto va más allá de la muerte. Aunque el usuario muera, la cuenta continua sin importar quien pasa a ser el heredero. El predio sigue existiendo y él es el deudor. Sería hasta la muerte del organismo operador o la desaparición del predio. ¿No es absurdo?

Aun en el caso de que el organismo suspenda el servicio al usuario, la cuenta sigue creciendo por la cuota mínima y la acumulación de recargos ¿no es otro absurdo? Peor, en algunos casos los recargos se capitalizan y después de un tiempo se cobran recargos sobre recargos y siendo los recargos ya parte del principal, es imposible cancelarlos.

Cuentas impagables, una alfombra debajo la cual se esconde a veces la cartera vencida y vencida, que esconde parcialmente el problema, tratando de hacerlo desaparecer. Y para empeorar, los auditores municipales o estatales que inflexiblemente defienden los fondos públicos impidiendo que cuentas impagables y carteras incobrables desaparezcan.

Veamos el origen de mucho de este problema. He visto en muchos de los organismos operadores que, por ley o reglamento, en cuanto se instalan los servicios frente al predio, existe la obligación de contratar los servicios, esté habitado el predio o no. En este caso, terrenos baldíos van creando y arrastrando adeudos y recargos que a veces por ley se pretende sean cobrables en cuanto el dueño pretenda construir u ocupar el predio. Es cierto que un predio baldío tiene un valor adicional si cuenta con servicios, pero esa plusvalía no puede cobrarse por servicios no prestados. Claro que es casi imposible llegar a un acuerdo con el municipio para que el predial que sería el impuesto idóneo para gravar la plusvalía, tenga una parte para entregar al organismo operador mediante un convenio.

Otra parte del problema está en el usuario que por situaciones económicas no puede pagar realmente los servicios durante un período crítico para él y genera un adeudo en parte porque el propio organismo operador no ejerce presión para cobrar sino cuando el usuario ya debe 6 meses o más. Y entonces se entra a un juego perverso y tonto. Se cita al usuario para proponerle un convenio. Se le regulariza a condición de que firme un convenio para distribuir su adeudo en tres mensualidades y se le continúa dando el servicio. Obviamente el pobre hombre o mujer, acepta porque el servicio es vital. Pero también es obvio que, si ha formado un adeudo por no poder pagar, tampoco podrá pagar el servicio normal más un sobre costo del convenio que es el importe de otro tanto o el doble de lo que debe pagar mensualmente. Obviamente volverá a caer en mora y el adeudo y los recargos siguen creciendo ¿otro convenio?

Aun si se corta o suspende el servicio, se llega a situaciones absurdas y el usuario termina conectándose en forma irregular a través de un vecino buen samaritano o a quien le paga, pero seguramente no se quedará sin agua ni el organismo puede tener tantos supervisores para dar seguimiento a los morosos y que se pueden convertir en los buenos samaritanos mediante una mordida. Tenemos que encontrar otros paradigmas.

Una vez propuse: Este es el adeudo a la fecha, vamos a enquistarlo para no preocuparnos por él y a partir de este momento comienza a pagar puntualmente. Si pagas un año sin falta alguna reducimos el quiste a la mitad. Si pagas dos años puntualmente, el quiste desaparece. Me libré de un adeudo incobrable y ya tengo un usuario que paga puntualmente, que es al fin y al cabo lo que busco. Parece una buena solución, pero legalmente no me dejaron instrumentarla. Aparentemente el adeudo enquistado tiene que generar recargos por ley. No puedo desaparecer el quiste simplemente. No tengo autoridad para cancelar adeudos de principales. Esa autoridad es muy difícil de ejercer por ser dinero público.

¿Qué hicimos? Contratar un asesor que nos ayudó a instrumentar un programa. Primero hacer un detallado análisis de la cartera vencida hasta identificar adeudos incobrables verdaderamente por: no existencia del predio, predios desaparecidos por fusión, demolición, fraccionamiento, etc.; llegar a acuerdos con usuarios factibles de hacer pagar, identificar aquellos que realmente necesitaban ayuda; hacer un paquete de casos totalmente documentados que creíamos que debían cancelarse o borrarse, otro de casos que requerían un subsidio mediante cancelación del adeudo y llegar a acuerdo con los cobrables. Dio resultado parcial, enviamos al municipio la solicitud de autorizaciones que debían de someterse al Cabildo o a la auditoría municipal. Parcial porque algo se autorizó, una parte nos la devolvieron para que siguiéramos haciendo gestiones de cobro y otra quedó en el limbo de la irresolución.

Pero lo notable fue que el programa podía autofinanciarse y seguir funcionando con lo que se podía cobrar hasta el punto de agregar parejas de actuadores que perseguían las cuentas que iban rebasando el límite para convertirse en cartera vencida. La cartera vencida verdaderamente se redujo, pero su fantasma sigue sin resolverse del todo.

Éramos un organismo con suficiencia financiera, pero el inicio del programa no fue fácil. Buscar y contratar al asesor, comprar equipo, computadoras, motocicletas, así como el personal especial para armar el programa tuvo que pelearse con el Consejo de Administración, quienes no lo aprobaron tan sencillamente hasta que se convencieron. En los organismos sin capacidad sobrada es un camino que no puede tomarse si no cuentan con un apoyo que les permita detonar el proceso y comprobar que puede llegar a ser autofinanciable, dependiendo del origen y el monto de su cartera vencida.

Trabajé sobre una alternativa de romper el paradigma de contratar con el predio, haciendo contratos como los de CFE, sobre la base de pedir un anticipo de dos meses de la tarifa y cancelar el contrato a los dos meses de adeudo, para que el usuario tuviera que recontratar. Todo podría ser más sencillo, pero entre derecho humano al agua, cobro adelantado de los dos meses y el cambio de lo ya contratado, adicionado a lo pesado de romper un paradigma tan establecido pasando por el reglamento municipal y la visión política del tema, me fue haciendo pesado el asunto y no me dio tiempo de resolverlo. Sigo pensando que es un tema pendiente.

La realidad es que el agua es barata, aun con las tarifas más altas. Podemos compararlas con los productos consumidos por las familias de menores recursos, agua embotellada, refrescos, papitas y todo tipo de golosinas, cigarros, etc. Una encuesta que tuve a mi alcance tenia como resultado que en las zonas más pobres había un consumo por familia de litro y medio de refresco embotellado al día. Si pueden consumir eso, pueden pagar cualquier tarifa. ¿Por qué entonces no pueden pagar la cuenta del agua? ¿Es por cultura?

Creo que la clave la encontré en Colombia trabajando sobre la regulación. Cuando expuse este argumento sobre el consumo de refresco embotellado, me hicieron ver que, aunque es así, lo que pasa es que esa familia que consume un litro y medio por día, no va al súper a comprar 45 litros de refresco al mes, no tendría el dinero suficiente, sino que los compra día a día. Las familias pobres viven al día, no juntan de su percepción diaria, cualquiera que sea su origen, para poder pagar su agua al mes o al bimestre. Ellos estaban trabajando en un sistema con medidores de prepago, para que las familias pudieran comprar su agua como compran el tiempo de celular, abonando semana a semana o hasta a diario según contaran con recursos. No estaba solucionado todavía, pero era una vía en exploración.

¿Podremos en México librarnos de paradigmas que, bajo el pretexto de protección a los más necesitados, impiden que se puedan dar buenos servicios a toda la población incluyendo a esa que pretenden proteger? Nos falta por caminar mucho y el tiempo se nos acaba.

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Eduardo Padilla Ascencio 11 julio, 2021 - 6:07 am

Excelente tema para estos tiempos de pandemia. A partir de marzo de 2020 la cartera vencida de los OOAs han crecido de manera acelerada, en especial en aquellos en los que se “suspendieron” las acciones de cobro como apoyo para la población con el argumento de que no faltara el agua para mantener la higiene ante el Covid-19. Ahora nos encontramos con una cuesta pesada para volver al menos a disminuir la cartera vencida al nivel que se tenía en marzo del 2020. Aunado a esto está, que en las cuentas que presentan características de incobrables o incosteables, los trámites legales para depurarlas y darlas de baja son muy complicados. Pero este tema seguramente dará para más artículos de debate y reflexión.

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