Personajes y situaciones desde el invierno

por Emiliano Rodríguez Briceño
0 comentario

Los recuerdos que compartí sobre la Secretaría de Recursos Hidráulicos y mis primeros trabajos con organismos operadores de agua, traídos a mi memoria por el paso por El Carrizo, Sin., también me recordaron personajes y situaciones que quedaron grabados en los recuerdos de mis primeros encuentros con un medio burocrático muy diferente a mi situación anterior. Venía de trabajar en el Plan Chac, un proyecto de riego por aspersión en el sur de Yucatán, en donde vivía en una población de unos pocos miles de habitantes, en donde era el residente de Pequeña Irrigación.

Mal ejemplo.

Llegué como jefe de la oficina de estudios hidrométricos y por mi nivel tenía que checar tarjeta a la entrada entre 8:00 y 8:15. Me resultaba tremendamente incómodo, acostumbrado a trabajar desde las primeras horas del día como residente de campo y como llegaba muy temprano, me parecía que la tarjeta era un control tonto e innecesario. Cuando me hicieron jefe del departamento de operación, mi nivel me permitió ya no ser sujeto de checar tarjeta. Pero por mis propias convicciones y costumbres continué llegando temprano a la oficina incluso como un medio de demostrarme que la tarjeta había sido absurda.

Un día recibí a mi colega, el jefe del departamento técnico cuya oficina colindaba con la mía, quien me sorprendió al comentarme que como ya era jefe de departamento, ya no necesitaba llegar tan temprano y que no se veía bien que llegara antes que muchos de los empleados que checaban tarjeta. Además, eso era un muy mal ejemplo y podría poner a todos los jefes de departamento de la Dirección General en riesgo de que les exigieran llegar antes de las 9. Que cuando menos llegara después de las 8:30.

Los halcones.

Seguramente recuerdan que en 1971 se dio el episodio de represión de una manifestación que se llegó a conocer como el halconazo, por el uso del grupo paramilitar de los halcones.

Comenté que teníamos un equipo de tres supervisores de los organismos federales de agua, quienes actuaban como visitadores, auditores y asesores de los organismos en toda la república. Permanentemente iban de comisión recorriendo los diferentes estados y recopilando información sobre el estado y trabajo de los organismos, grandes y pequeños. Eran tres hombres de edad madura, burócratas de muchos años quienes conocían muy bien todos los estados y sus diferentes problemáticas sociales y técnicas y en quienes se depositaba toda la confianza para tomar medidas sobre personal y presupuestos de los organismos operadores.

Conforme fuimos recorriendo y conociendo diferentes organismos, sus características fueron aflorando. No se si es un fenómeno natural que se da en casi todo tipo de auditores y supervisores con el tiempo, pero eran verdaderos señores de horca y cuchillo, tanto más entronizados de acuerdo con las características y tamaño de los organismos. Los comentarios que recibíamos del personal de los organismos operadores iban desde las quejas en forma de burlas hasta verdaderas quejas sobre su actitud prepotente hacia los organismos. Poco a poco tratamos de que esas situaciones disminuyeran y terminamos conociéndolos como los halcones.

Había comentarios de que sacaban lo que podían de los organismos y que, de los más pobres, sacaban hasta pollos y gallinas. Nunca se pudo comprobar nada ni existieron quejas oficiales, pero el mote de los halcones quedó grabado.

El más grande de ellos, un hombre con toda la experiencia del mundo aparentemente, ingeniero, se interesó en lo que estaba haciendo de los usos del pitot y la capacitación que les estaba impartiendo a dos ingenieros muy jóvenes, recién salidos de la escuela y me dijo como un secreto de vida. -Enséñales, pero déjate algo sin aclararles para que cuando se atoren, les digas ¡pen…….. ignorantes…..!, y sigas siendo tú el que sabe más-.

Sin duda un consejo digno de un halcón.

El chofer de lujo.

Cuando formamos la brigada de estudios hidrométricos con los dos ingenieros jóvenes que he mencionado, necesitábamos de un ayudante y chofer que los acompañara. Nos dieron a un hombre ya maduro, grande de tamaño, bigotudo. Resultó ser cuñado del Director General y aunque servicial, indudablemente se daba ínfulas con los dos jóvenes ingenieros a los que nunca les dejó sentir que dependía de ellos. Cuando se presentaban en los organismos, tomaba la delantera y se comportaba como si fuera el encargado del equipo. Poco a poco los ingenieros lo fueron conociendo y con indudable capacidad conciliatoria le daban por su lado.

En sus comisiones, las cuales duraban a veces dos semanas o más, en los que hacían aforos de fuentes en condiciones de trabajo, instalando los registradores mediante la máquina muller para instalar los tubos de pitot, analizando líneas de conducción, haciendo circuitos hidrométricos, hacían rendir sus viáticos hospedándose en posadas familiares y comiendo en fondas de comida corrida. Me comentaban que antes de comer en cualquier lugar, el chofer se metía hasta la cocina para ver quien estaba cocinando y si encontraba que era un hombre, se salía y no aceptaba comer en ese sitio. Un auténtico macho mexicano homofóbico al extremo, al que le bastaba saber que un hombre cocinaba para tacharlo de homosexual y no atreverse a comer lo que preparara como si eso lo fuera a contaminar. Los ingenieros le daban carrilla, cuando tenían que comer en un lugar en donde no pudieran saber quien cocinaba.

Al dejar la dirección y esos trabajos, sin yo saberlo, llegó a ocupar mi lugar un joven ingeniero de Guanajuato, Agustín Báez, a quien luego encontraría en León y nos haríamos muy buenos amigos, recordando nuestro paso por SRH.

Nunca supuse en esos momentos que iniciaba lo que se convertiría en una carrera que he seguido con verdadera vocación. El agua y su gestión son una droga que te absorbe hasta que no concibes caminar otros caminos y te aferras a seguirlo, aunque se pasan por etapas en las que el trabajo no paga lo suficiente y te inventas la forma de seguir sobreviviendo.

Cuando salí de la Dirección General de Operación, fue para hacerme cargo de la residencia de agua potable en la gerencia de la SRH en Querétaro. Tampoco supuse que haría de Querétaro mi casa, que caminaría por donde el agua me llevara, pero sin dejar de volver siempre a Querétaro como mi cuartel de invierno.

Te puede interesar

Deja un comentario