Parece inevitable dedicarles algunas reflexiones a los consejos de cuenca si se está en contacto permanente con el tema del agua. Es indudable que existe una corriente internacional hacia el hecho de que la gestión del agua debe hacerse por cuenca. Un tema como otros relacionados con el agua en México, que encierra algunas paradojas sobre las que se deben reflexionar, sin pretender con ello establecer tesis, sino comentarios que quizá deban tomarse en cuenta en la tan mencionada, ordenada por ley, propuesta varias veces y todavía sin plasmarse en la realidad, ley general de aguas.
Quienes hicieron la vigente Ley de Aguas Nacionales y también quienes la modificaron son indudables defensores del tema y definitivamente se ha trabajado en ellos dedicándoles tiempo y recursos, sin obtener aparentemente el éxito que podría o debería esperarse. El consejo de la cuenca Lerma Chapala parece el más consolidado y probablemente el que pudiera considerarse el más exitoso y el que ha tenido una vigencia estable desde que se constituyó. ¿Debe tomarse en cuenta que realmente surgió por una necesidad específica y desde antes que la ley les diera cuerpo y definición institucional? Habiendo participado en su proceso desde la etapa más temprana en la representación de uno de los estados y posteriormente, trabajar ligado al tema en otros dos de los estados que conforman la cuenca, he seguido su desarrollo y resultados desde diferentes ángulos, lo que me permite dar cuerpo a estas reflexiones, tomando en cuenta que tuve que revisarlas al participar en la elaboración del PNH y en dos de los tantos proyectos de propuestas de la ley general de aguas, así como en la revisión de otras dos propuestas, incluyendo la revisión de los trabajos contratados con algún asesor internacional experto sobre el tema. Pero admito humildemente que nada de eso me hace a mi un experto ni me faculta a emitir tesis, aunque si a hacer algunas reflexiones que pudieran ser pertinentes.
Uno de los problemas que se enfrentan, como lo he comentado en escritos anteriores sobre el sector hídrico y la autoridad nacional del agua, es que somos una federación de estados en los que algunos son más grandes que muchos países y otros fueron creados por cuestiones políticas y administrativas circunstanciales con extensiones geográficas mínimas, existiendo cuencas hidrográficas que abarcan varios estados, estados situados en varias cuencas y estados con varias cuencas.
Se ha mencionado que la gestión por cuenca, tiene que considerar la característica soberana de las entidades federativas tomando en cuenta que los presupuestos se ejercen por estado. Sin embargo, la institucionalidad existente no permite garantizar que los recursos, aun los canalizados hacia los estados por la federación, se ejerzan efectivamente en los planes de restauración de cuencas, la distribución de recursos para infraestructura hidráulica y la planificación de obras y acciones en la cuenca (terminando muchas veces en que la federación se encargue de las obras), propiciando que la participación de los usuarios y autoridades locales se de en cada estado en el ámbito de su gestión más cercana. Y esto se propicia por la propia reglamentación federal sobre los aspectos de constitución de los consejos de cuenca. Se plantea la participación de los usuarios por uso en la cuenca, distorsionando la estructura estatal. Imaginemos la asociación de usuarios agrícolas del consejo Lerma Chapala. Agricultores de Querétaro, casi inexistentes, de Jalisco y Guanajuato, enfrentados por el tema del agua de las presas y el flujo necesario hacia Chapala, agricultores de Michoacán con una problemática diferente y agricultores del Estado de México, donde nace el Lerma, con intereses totalmente divergentes. ¿Cómo funciona una representación del uso agrícola de ese tipo de intereses disímbolos y enfrentados? ¿Podemos decir algo diferente de la representación del uso industrial, potente y moderno de Querétaro, con curtidores de Guanajuato, inexistentes de Michoacán, viejos lobos de México y los de Jalisco? ¿A qué van las representaciones de los estados como gobiernos, si sus usuarios y los intereses reales están entre los usuarios? Obviamente no adquieren compromisos reales con la cuenca, ya que incluso el uso urbano está teóricamente representado por la asistencia de los municipios.
¿No sería mucho más lógico que la representación se diera por estado? La verdadera competencia por el uso es local, entre los usuarios de los diferentes usos en su ámbito más cercano. En cada estado debiera darse la negociación entre los usuarios de riego, los industriales, el uso urbano, el ecológico, incluir el posible reúso y llevar con el gobierno del estado una postura de compromiso que pudiera ser apoyada y avalada por los intereses de desarrollo del propio gobierno estatal, el cual podría asumir los compromisos ante el consejo de cuenca y la autoridad del agua. Esto parece mucho más lógico y con posibilidades de ser cumplido que los compromisos de un consejo de cuenca que no cuenta con los apoyos de los gobiernos estatales que participan. Es cierto, los intereses locales podrían no estar alineados, pero sin un compromiso local a buenas o malas, los compromisos en el consejo de cuenca se diluyen. Sería más efectivo tener consejos estatales y establecer en él los compromisos que se lleven al consejo de cuenca, estableciendo una dinámica más acorde con la realidad, aunque no se asegure el control central deseable por la autoridad del agua. Lo vivimos en los albores del consejo Lerma Chapala, donde los debates para la toma de decisiones se centraban y acaloraban entre CONAGUA y los representantes estatales, hasta llegar a los acuerdos finales y constituir el consejo oficialmente.
El otro tema que me parece relevante sobre el que se debe reflexionar y abordar seriamente antes de constituir un consejo de cuenca, es el de su objetivo específico que debe obedecer a una necesidad conocida y aceptada en forma general por los participantes del consejo. Sin un objetivo claro sobre el cual trabajar en forma permanente y con resultados concretos a ser obtenidos, los consejos se convierten en pacientes sostenidos con vida artificial a los que se inyectan esfuerzos y recursos que no tiene objeto utilizar por una simple formalidad burocrática, que debería ser mucho más que eso. He comentado con directores de organismos de cuenca su queja de tener que arriar a los miembros del consejo correspondiente, ofreciéndoles incentivos ¿!!!!!!? para que se reúnan y cumplir con el expediente de ley. ¿No es absurdo? La vida del consejo Lerma Chapala ha sido sostenida porque el acuerdo de distribución del agua de la cuenca es vital para los estados y la existencia del Lago de Chapala. El acuerdo y llegar a él, por encima de las muchas necesidades de la cuenca, es un objetivo que mantiene al consejo vivo y vigente.
Como en otros casos, estas reflexiones requerirían más voces y seguramente más enteradas que se sumen a los temas del agua que deberían plasmarse en reformas fundamentales en las propuestas de ley y conformación del hacer de la autoridad del agua, antes de que muchos nos sumemos al silencio.
