Indicadores y Sinónimos

por Emiliano Rodríguez Briceño
3 comentarios

A finales de los 90, trabajando como consultor con un grupo de amigos, quienes habíamos formado una sociedad, tuvimos la oportunidad de tener un contrato para hacer los diagnósticos y propuestas de desarrollo de los organismos operadores de agua y saneamiento de los municipios conurbados con el entonces Distrito Federal. La corona de municipios que rodean el territorio del D.F. y que constituyen la gran Ciudad de México.

Nos tocó tener que visitar cada uno de ellos y levantar la información de sus condiciones de operación, tanto técnica, como administrativa. Fue impactante encontrar la diversidad de situaciones en que se encontraban, sobre todo cuando formaban parte integral de una ciudad y existía la Comisión de Aguas del Estado de México, que intervenía en el abastecimiento en bloque desde el sistema Cutzamala y apoyaba el desarrollo de la gran mayoría de ellos. En realidad el contrato nos había sido otorgado por la Comisión, para planear las inversiones necesarias en cada uno de ellos.

La diversidad entre los organismos, en su organización, en sus eficiencias e indicadores, entre las políticas de operación y cobro, y entre su situación económica, era más de la que podría encontrarse en una selección de municipios escogidos al azar en toda la república.

El denominador común fue la necesidad de constituir verdaderos organismos operadores y establecer una organización mínima, que fuera capaz de realizar proyectos verdaderamente viables para impulsar su desarrollo. Supongo que la Comisión esperaba, para cada uno de ellos, listas de tuberías, medidores y equipos por comprar e instalar, hubiera podido hacerse, pero sin una etapa de organización, las inversiones hubieran ido a un pozo sin fondo, sin verdaderos beneficios a los servicios y la población.

Uno de los indicadores más elementales, es el porcentaje de la facturación que se cobra en efectivo, es decir, cuanto del volumen facturado, se traduce en recaudación. Había quien decía, cuánto de lo que se factura, se ingresa. Siendo esto un error, ya que en correcto lenguaje, la facturación en el momento de emitirse, se convierte contablemente en ingresos y cuentas por cobrar.

La situación casi normal, era encontrar porcentajes menores al 60% de la facturación, convertida al final del año, en recaudación.

Así es que, imagínense la sorpresa que nos llevamos en uno de los organismos, correspondiente a un municipio de los más grandes, cuando al preguntar por el dato de la facturación cobrada, contra la emitida, la respuesta inmediata fue: 98%.

Como era la primera entrevista, pedimos que nos prepararan la información de sustento, sobre todo de la facturación y el cobro del 98%.

Cuando recibimos la información, los datos validaban el 98%. De la facturación emitida, mes con mes, la recaudación era en promedio el 98%, ya que había variaciones muy pequeñas, encontrando meses en que la recaudación rebasaba el 99% de lo facturado.

Empezamos a sospechar algo, cuando pedimos el número de tomas facturadas y encontramos que se facturaba un porcentaje muy bajo de las tomas declaradas por el organismo. Se facturaba en promedio, a algo menos del 50% de las tomas.

Preguntamos el por qué del número tan bajo de tomas a las que se facturaba y fue cuando encontramos la solución al misterio:

 – Porque solo facturamos a los que vienen a pagar.-

– ¿Solo a los que vienen a pagar? ¿y a los otros, por qué no les facturan?.-

– ¿Para qué, si no van a pagar?.-

– Entonces ¿por qué el 98% y no el 100%?.-

– Porque hay algunos que cuando ven el importe de lo que tienen que pagar, no pagan y se van. Y nosotros ya elaboramos la factura. Por eso baja el 100%.-

¡Lógica incuestionable! Solo que, aunque es español, los sinónimos dejan de serlo y estamos hablando idiomas diferentes, con dos bases diferentes. Una contabilidad de caja, contra una contabilidad de causación. Tan solo un ejemplo de las diferentes perspectivas de los indicadores y los sinónimos.

Te puede interesar

3 comentarios

Mario Buenfil 13 febrero, 2020 - 12:43 pm

Gracias Ing. Emiliano, por compartir eso. Interesante y escrito de una manera agradable y fácil de entender. Muy bue ejemplo del manejo de indicadores para “quedar bien” en las evaluaciones. A 30 años de distancia aun no logramos apropiada homogeneidad en la comprensión de los indicadores, ni disciplina para que los operadores los reporten sistemáticamente.

Responder
Jorge Montoya 14 febrero, 2020 - 3:55 pm

Creo que la alternativa que maneja el BID (Aquarating) pudiera lograr la homologación de una “batería de indicadores”, sin embargo coincido con Mario se convierte en un tema de voluntad política y vanidad institucional.

Responder
Jorge Montoya 14 febrero, 2020 - 3:20 pm

Excelente reflexión Emiliano, Gracias por compartir

Responder

Deja un comentario