En diferentes textos se han mencionado las encuestas realizadas por INEGI, en paralelo con sus encuestas nacionales sobre hogares, por encargo de CONAGUA y con el diseño y supervisión del Instituto Nacional de Ingeniería. Los datos arrojados señalan lo que de manera anecdótica sabíamos: los servicio de agua potable en el país no son buenos en su enorme mayoría y ciertas deficiencias son graves y muy evidentes.
El 95% de las viviendas cuentan con algún dispositivo de almacenamiento de agua y el promedio de dispositivos en las viviendas es de 1.7, lo que significa que la enorme mayoría cuentan con dos o más dispositivos de almacenamiento, lo que respalda el resultado de que menos de la mitad de las viviendas recibe agua diario, aunque sea por horas. Los dispositivos de almacenamiento, cumplen una función reguladora para asegurar a las familias la disponiblidad de agua. Lo que por otro lado oculta la evidencia de continuidad del servicio durante las 24 horas del día en el caso de recibirlo diario. Datos de la primera encuesta arrojan que menos del 15% de la población recibe servicio en forma contínua durante las 24 horas del día.
Pero la existencia de la regulación de la disponibilidad de agua, conlleva el cuestionamiento de su calidad, lo que se refleja en el consumo de agua embotellada en el 78% de las viviendas. El consumo de agua embotellada se da porque consideran en su enorme mayoría, que el agua embotellada no es riesgosa o porque no tiene sabor y olor. Contrario a lo que perciben en el servicio de agua seguramente.
El pago promedio del agua embotellada, por familia es de 180 pesos, en tanto que el pago promedio, por familia del servicio domiciliario de agua, es de 137 pesos. Y estamos hablando de volúmenes cuya comparación es ociosa. Pero lo peor para quienes se preocupan por el tema de tarifas, es que más del 60% de los encuestados consideran que se cobra más de lo que cuesta el servicio que se presta.
A la luz de estos datos ¿cuál sería la evaluación de los servicios que recibe la población promedio?
Y aquí es donde observamos la paradoja más absurda:
El 89% de los encuestados consideran que el agua es buena o excelente y califican con más de 8 sobre un posible total de 10, los servicios prestados.
Y surgen una cantidad de preguntas:
¿por qué el enorme consumo de agua embotellada si el agua es buena o excelente?
¿por qué mejorar nada si el servicio es calificado con 8 sobre 10?
¿quién dice que los servicios no son buenos?
¿somos un pueblo acostumbrado o resignado a tener malos servicios?
¿por qué tiene que darse prioridad a un problema que la población no percibe?
¿estamos equivocados “la gente del agua”?
¿por eso los gobiernos no han dado prioridad a solucionar los problemas de agua?
¿debemos preocuparnos del derecho humano al agua, a casi 10 años sin la Ley complementaria?
¿debemos considerar que la cultura del agua está totalmente distorsionada?
A menos de aceptar que estamos locos y yo estoy perdido reflexionando y escribiendo sobre estos temas, si debemos aceptar que el acercamiento que hemos mantenido sobre los problemas de los servicios de agua deben ser revisados y que la comunicación social sobre el tema y su presentación a la sociedad debe ser totalmente diferente, si queremos conseguir el consenso necesario para que el tema se atienda con la prioridad que entiende “la gente del agua”.
Se incluye esta semana la presentación gráfica que se hiciera sobre los resultados de la encuesta con sus principales datos.

3 comentarios
Debemos cambiar la forma de comunicación al consumidor porque no sabe realmente la calidad de agua que llega a su casa, se basa en lo que los demás dicen porque no hay una comunicación real para el usuario.
Excelente articulo y reflexión. y bien por esas paradójicas…e irónicas … preguntas.
Ingeniero: Conozco muy de cerca su trayectoria y noe queda más que felicitarle por tan excelente artículo.
¡Enhorabuena!