El Sector Hídrico

por Emiliano Rodríguez Briceño
2 comentarios

En 2013 me tocó participar en la elaboración del Programa Nacional Hídrico (PNH) como parte del Plan Nacional de Desarrollo (PND) del periodo administrativo de 2012 a 2018.

Al concluirlo y presentarlo al Director General de la CONAGUA, me hizo una pregunta que sacudió mis conceptos. – ¿Estás satisfecho con el documento? –

No se que tanto lo pensé, pero mi respuesta fue negativa terminantemente. Aunque la Ley determina que no es un plan, sino un programa dentro del PND, definitivamente un programa sin fechas y sin recursos asociados (por determinación expresa de Hacienda, la responsable del PND) definitivamente es cualquier cosa, menos un programa. Las metas generales casi necesariamente lo hacen más de lo mismo, tomando en cuenta que el PNH anterior no alcanzó sus metas generales porque sus objetivos eran igualmente generales, no había sido actualizado año con año ni habíamos tenido el tiempo de una actualización de datos válida.

CONAGUA, como autoridad rectora para el recurso agua debería tener el PNH como elemento guía del sector hídrico. Se menciona el sector hídrico como una entidad con existencia real, sin embargo, los sectores están definidos por la existencia de una Secretaría de Estado que constituye la cabeza de sector. En estas condiciones el sector hídrico tiene como cabeza de sector a la Secretaría de Medio Ambiente. El sector hídrico en realidad es un subsector del sector medio ambiente.

Para la elaboración del PNH, los elementos normativos estaban contenidos como dos incisos de uno de los seis objetivos definidos para el Programa Nacional de Medio Ambiente de acuerdo con el PND ya publicado. Bajo este aspecto fundamental de normatividad no existe realmente un sector hídrico más que de nombre. La existencia formal de un sector hídrico requeriría de la existencia de una Secretaría del Agua que le diera cuerpo como cabeza de sector dentro del Plan Nacional de Desarrollo, con sus propios objetivos que incluyeran las necesidades de todo el “sector hídrico”.

La existencia de una Secretaría de Agua es un tema discutido en voz baja muchas veces, por muchas personas, con muchos conocimientos, sin que haya llegado a concretarse un debate serio, objetivo, con todos los conocimientos en la materia y sin la visceralidad de ciertos grupos ambientalistas o partidarios del indigenismo, sino como un tema clave para el desarrollo social y económico de México. Pareciera imposible ¿no?

Sin pretender desarrollar una tesis y mucho menos decir la última palabra, me atrevo a hacer algunas reflexiones a la luz de lo visto y experimentado en un tema que ha sido el eje de mi vida profesional y mi vocación persistente.

El agua no solo es el origen y el sustento de la vida, es también el soporte de toda forma de desarrollo y actividad del hombre. Es indispensable en toda actividad humana en sociedad, es parte fundamental de la actividad de todos los sectores de las sociedades modernas. Es fundamental para el turismo, para todo tipo de industria, la agricultura, el desarrollo urbano, para la conservación del medio ambiente como acción y no solo como contemplación, para el mantenimiento de todo tipo de equidad social y no solo desde el punto de vista de su disponibilidad, sino de su recuperación y disponibilidad para su reúso. Si hay un tema transversal a todas las disciplinas es el agua, su disponibilidad, manejo, disposición y saneamiento. La ruptura de su ciclo y la falta de su cuidado impone penas severas al hombre y la sociedad, cuestionando su viabilidad en el largo plazo. Sin embargo, parece ser que es algo que no ha permeado con claridad la conciencia social de la población en su gran mayoría, sin importar los niveles culturales y socioeconómicos.

Somos un país con contrastes extremos en cuanto a la naturaleza física que se refleja en los contrastes de la disponibilidad del recurso y su ocurrencia en el tiempo a la que se superponen iguales contrastes político-administrativos sin congruencia con los anteriores.

Una localización geográfica que nos expone a fenómenos meteorológicos extremos desde los dos océanos, situada en la latitud de los grandes desiertos. Zonas geográficas desérticas, zonas con abundancia de agua y sujetas a inundaciones recurrentes. Coexistencia de inundaciones con sequías simultáneas en diferentes zonas del país. Una federación de estados en los que algunos son más grandes que muchos países y otros que fueron creados por cuestiones políticas y administrativas circunstanciales con extensiones geográficas mínimas. Cuencas hidrográficas que abarcan varios estados, estados situados en varias cuencas y estados con varias cuencas. Una población tanto urbana como rural que depende en su enorme mayoría de aguas subterráneas de acuíferos que se exponen peligrosamente a la sobreexplotación por su utilización para la población, pero también para la irrigación y la industria. Aguas residuales urbanas, de riego e industriales que sin el saneamiento suficiente contaminan la mayor parte de los cauces naturales. Servicios de agua potable y saneamiento que todavía no llegan a toda la población del país y en donde se cuenta con ellos, los operadores no garantizan la continuidad del servicio, la potabilidad del agua ni el saneamiento de las aguas residuales para su vertido sin contaminar los cauces, poblaciones en las que el abastecimiento está seriamente cuestionado y poblaciones en las que el mantenimiento de la infraestructura existente es totalmente insuficiente.

¿Podría concebirse en las circunstancias anteriores la falta de una institución nacional con la suficiente autoridad y capacidad cuyo objetivo sea la administración, conservación, cuidado, preservación y distribución en toda la extensión de los conceptos, del recurso entre sectores, instituciones, estados federales, poblaciones y personas físicas y morales, con participación de la propia sociedad?

Sin pretender hacer historia, en 1976 desaparece SRH, la secretaría que manejaba todo el tema del agua. Durante 10 años cada vez fue más notoria la falta de una autoridad del agua. En la campaña política de 1988 la problemática más planteada estaba relacionada con el agua. El resultado propicia la constitución de la Comisión Nacional del Agua como autoridad rectora del recurso. La falta de capacidad política y la forma de integración del nuevo gobierno aparentemente no permitieron que la Comisión naciera como una Secretaría de estado. Pero es evidente que ese rango era el que le correspondía.

Quienes conocen mucho más que yo, me recomendaron leer la exposición de motivos de la Ley de Aguas Nacionales. La lectura del documento es reveladora. Está escrito con el claro entendimiento de que la autoridad requiere de una Secretaría de estado para alcanzar plenamente los objetivos que se plantean. A pesar de la problemática que inspira la iniciativa, ésta posiblemente queda incompleta en cuanto al tema de agua potable para sortear problemas de inconstitucionalidad. Algunos párrafos de la exposición de motivos son muy claros.

“Los ciudadanos viven y perciben el problema de agua como uno de los más importantes del país. En las ciudades, especialmente en las colonias populares, el servicio adecuado de agua potable y de alcantarillado es una demanda de las familias que con mayor frecuencia he percibido durante las giras que realizo por nuestro territorio. Lo mismo sucede en el campo, donde, en más de la mitad de las zonas rurales, la demanda no es tanto por la tierra, sino por el agua suficiente.”

La preocupación por el tema de los servicios de agua potable y saneamiento es evidente. Sin embargo, en la iniciativa de ley, el tema queda minimizado. ¿Pudo haberse incluido con el recurso utilizado por la Ley Federal de Aguas, que planteaba que, si bien los servicios eran de índole municipal, se consideraban las inversiones federales como recuperables y los sistemas deberían ser operados por la Federación en tanto se recuperaban las inversiones? Sin llegar al extremo de federalizar la administración, ¿Podrían haberse considerado las inversiones como no recuperables, pero si exigir que los servicios beneficiados quedaran sujetos a una regulación nacional supervisados por la autoridad federal? ¿O podría haberse realizado una pequeña reforma constitucional para permitirlo? Son interrogantes para las que no tengo respuestas. Lo evidente es que desde entonces no ha habido una verdadera consolidación y fortalecimiento de los servicios a pesar de importantes y continuados esfuerzos e inversiones, que no se reflejan en los frutos alcanzados.

La coordinación obligada de acciones con los otros sectores encabezados por Secretarías de estado, ante la imposibilidad de darse como pares, se plantea a través del Consejo Técnico de la Comisión con la participación de las cabezas de sector principales. Pero como en todo Consejo de este tipo, la participación queda afectada por los intereses de los otros sectores y los intereses personales de los representantes, quienes objetivamente debieran no atender a otros intereses que a los de la entidad de la que son consejeros, pero que en la realidad no se da más que en muy pocos casos.

Me tocó experimentarlo en el intento de convocatoria para la elaboración de una estrategia nacional del agua, el que la respuesta fue con personal de un nivel bajo y sin la autoridad suficiente para crear verdaderos compromisos.

En el concierto internacional existe el convencimiento de que la autoridad en la materia no debiera fraccionarse. Existen voces que reclaman la autoridad al nivel local, pero ante la realidad expuesta sobre la totalidad del país, es evidente que ante la falta de una conciencia social producto del conocimiento del tema y con objetivos claros de una integración nacional, es difícil verla sin una autoridad nacional con los medios y la capacidad suficiente para ejercer una flexibilidad casuística que de acuerdo al desarrollo local de cada región y sus características vaya descentralizando la autoridad manteniendo una política nacional en beneficio de todo el país.

La administración y desarrollo por cuenca se ven entorpecidos por el manejo presupuestal por estados federales que no guardan las prioridades de las cuencas ni se comprometen mas que de manera muy superficial con las decisiones de los pocos consejos de cuenca que operan parcialmente.

¿Una Secretaría de estado con órganos descentralizados ad hoc a los subsectores y regiones podría ser parte de la solución? Como dije al principio, el debate no se ha resuelto.

Me he extendido más allá de lo que había previsto. Faltan temas por reflexionar, faltan voces más enteradas y mayor investigación de elementos y documentos necesarios de tomar en cuenta.

Me gustaría continuar estas reflexiones …..

Te puede interesar

2 comentarios

Mario Buenfil 5 julio, 2021 - 8:25 am

Gracias por compartir sus experiencias e ideas. Y quedo atento a que usted continúe estas reflexiones …..

Responder
Ana Casas 6 julio, 2021 - 10:11 pm

Muy interesante especialmente porque dimensiona la necesidad de apreciar el recurso hídrico en todas sus dimensiones.

Responder

Deja un comentario