Ejército y Guardia Nacional

por Emiliano Rodríguez Briceño
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Guardia nacional llegando al lugar del enfrentamiento

Reflexión sin final

Cuando era joven, antes del 68, y después del 2 de octubre con mayor razón, pensaba en alguna razón válida por la cual existiera el ejército mexicano, que no fuera reprimir al pueblo y mantener a la élite en el poder. Defender a la nación, ¿de quién? ¿De Guatemala, de Belice, del comunismo de Rusia o de una nueva invasión de Estados Unidos o Francia?

Después de que un poco legítimo presidente declarara la guerra al narcotráfico y el crimen organizado, guerra que nunca podría ganarse como era evidente desde el principio, la pregunta sigue siendo la misma ¿para qué sirve un ejército, colegios militares, aviones supersónicos, tanques de guerra, sí, como la mayoría parece opinar, el ejército no es para la guerra al crimen y no debe estar en la calle haciendo labores policiacas y tratando de detener la violencia? ¿para aplicar el Plan DNIII y ayudar en futuros sismos e inundaciones? No es un ejército lo que parece que necesitemos.

Surge entonces, con un gobierno auténticamente popular, ahora la figura de la Guardia Nacional, desde el principio bajo el fantasma de una discusión de si debe ser dirigida y manejada en forma militarizada o si debe ser manejado en forma civil. Más allá de las discusiones, parece evidente que hace falta un mando único y aparentemente unidad de control en todo el país, cuando todas las policías locales, municipales y estatales parecen penetradas por la delincuencia, el narcotráfico y el crimen organizado. No entiendo por qué en lugar de crear un nuevo organismo no declaramos que es el ejército el que debe funcionar como la policía militar en todo el país con unidad de mando y de criterios, cuando al ejército es al único que la población medianamente respeta.

Sin embargo surgen voces humanistas que bajo el pretexto de los derechos humanos atan las manos de quienes deben reprimir el crimen. Surgen las acusaciones de ejecuciones extrajudiciales de quienes evidentemente son delincuentes y aquí surge una reflexión sin respuesta. Se habla de que más del 90% de los delitos, incluyendo crímenes y violaciones no son denunciados y de los pocos que se denuncian también un grandísimo porcentaje quedan sin que los culpables sean detenidos y castigados. ¿Podemos imaginarnos qué haríamos si el total de los delitos fueran denunciados y el mayor porcentaje de ellos fueran resueltos y los culpables detenidos? ¿Dónde pondríamos a todos los criminales, narcotraficantes, violadores, ladrones a mano armada, huachicoleros, etc. si las policias y autoridades fueran tan eficientes para detenerlos?

Cuando se habló de la Guardia Nacional me permití una radical expresión que no gustó mucho a quienes me escucharon.- Si la Guardia Nacional no tira a matar no servirá para nada. –

Se crea la Guardia Nacional y son patéticas las escenas de huachicoleros (pueblos enteros defendiendo su ilegal modus vivendi) repeliendo a la Guardia Nacional con piedras, palos y escobas. Es patético el pobre Guardia Nacional que abriendo los ojos, con el fusil apuntando al suelo, retrocede ante verdaderos delincuentes que lo amagan con palos de escoba. ¿Este es el nuevo cuerpo que va a poner fin a la violencia, al narcotráfico y el crimen organizado que se ha apoderado de varios estados en el centro del país? ¿Qué sicario, secuestrador, asaltante o tratante va a tener respeto por un poder público que lo amaga con guardias que retroceden ante escobazos?

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2 comentarios

Juan Erik Rodriguez 4 febrero, 2020 - 8:39 am

¿Podemos hacer el experimento?
¿Sería necesario acabar con las formas de represión y castigo para que se obedezcan las leyes…o actuar con verdadera ética?
No tengo las respuestas. Aún creo que podemos alcanzar la madurez de la autonomía, pero la convivencia en entornos sociales con diferentes niveles de madurez parece ayudar a dar pasos atrás.

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Emiliano Rodríguez Briceño 11 febrero, 2020 - 3:02 pm

Lo están haciendo y es evidente que están fallando. No hay violencia, hay personas violentas y no parecen entender las buenas maneras. Escobazos de huachicoleros, huevazos de migrantes, chantajes del crimen organizado. Probablemente hay razones de peso, pero el santo de Asís no convenció al lobo. Ni soltar bandoleros, ni abrazar inmigrantes ilegales, La ley no se negocia, se impone. Sodoma y Gomorra no entendieron,las quemaron. Los demás empezaron a pensarlo.

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