Las paradojas de los servicios de agua II

por Emiliano Rodríguez Briceño
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Segunda parte

Como escribí en la publicación anterior, el análisis de las paradojas de los servicios de agua, existentes en los paradigmas que manejamos en nuestro país, no paran en los comentarios hechos sobre las tarifas y la percepción de la calidad de los servicios que recibimos y la actitud que adopta la inmensa mayoría de la población ante lo que no puede más que ser considerado como una deplorable calidad comparados con los servicios que se reciben en otros países, aun en nuestro ámbito latinoamericano.

Es tan profundo el conformismo ante un mal servicio, que hemos desarrollado una cultura profundamente arraigada de la necesidad de tinacos y cisternas que impactan en la fisonomía urbana de la mayoría de nuestras ciudades, con un impacto especialmente curioso y feo en los desarrollos habitacionales populares, con el uso de tinacos de plástico negro. ¡Y los vemos tan normales! Cuando son el testimonio más palpable de un mal servicio y de la falta de seguridad en la calidad del agua.

En otra ocasión ya he comentado que, trabajando como director de uno de los organismos operadores más prestigiados, logramos elevar la continuidad del servicio por 24 horas, en más del 90% de nuestras redes, lo que me permitió plantearle a nuestro presidente del consejo, quien profesionalmente se dedicaba a la construcción de vivienda, que, ante los resultados obtenidos, podría construir las casas sin cisterna ni tinaco, eliminando equipo de bombeo y obviamente a un menor costo.

Su respuesta fue terminante: – ¿qué quieres? ¿qué no pueda vender mis casas? La gente no compraría viviendas en esas condiciones – La cultura de la ciudad no soportaría un cambio de esa naturaleza.

¿Pero saben lo peor? Salí del organismo, salió el gerente de operación, cambió el consejo y a 8 años de distancia el servicio se ha degradado de nuevo, retornando a la falta de una continuidad sistemática con todos los efectos que conlleva. ¡Flaco favor le hubiera hecho a nuestro presidente de entonces si hubiera aceptado mi recomendación! Y la gente en general lo soporta y no percibe la diferencia de una calidad del servicio a otro. Un amigo que reside en la ciudad me dice que como tiene la cisterna y el tinaco, no se entera de si llega el servicio hasta que se queda sin agua porque ha faltado por varios días.

Y con esta cultura, el resultado observado en las encuestas nacionales, levantadas para conocer la percepción de los usuarios sobre la calidad del servicio, es que los encuestados consideran que el servicio es de regular a bueno, aunque la mayoría compra agua embotellada por no fiarse de la calidad de la que recibe.

He sido testigo y he participado en tareas de planeación en las que se pretende conocer el capital necesario por invertir para extender los servicios en el país para lograr la cobertura universal de los mismos, con una calidad suficiente, siendo el resultado estratosférico y requerir de una inversión anual varias veces la destinada al sector. Lo curioso es que anualmente hay un subejercicio importante del sector federal que pareciera desmentir esos cálculos de las inversiones necesarias. Paradójico, ¿no?

Si a lo encontrado en párrafo arriba sobre la percepción de la calidad de los servicios, se suma lo comentado en el párrafo anterior, me suena natural que las inversiones para ampliar la cobertura y mejorar los servicios puedan ir a la baja. ¿Por qué invertir más si, por un lado, para la gente no es un problema la calidad de los servicios y por el otro, existen subejercicios de los presupuestos asignados? ¿Por qué hacer una prioridad de un problema que la gente no percibe en su dimensión como un problema y las instituciones del sector no se acaban los recursos asignados?

Antes de abandonar este tema me gustaría hacer una reflexión sobre esos presupuestos estratosféricos para alcanzar la “cobertura universal” de los servicios. ¿Sobre que bases se han elaborado? ¿con tomas domiciliarias, servicio continuo, sistemas de mantenimiento, servicio medido, sistemas de facturación, colecta de aguas residuales y sistemas de saneamiento y tratamiento de lodos? ¿Todas estas características para toda la gama de poblaciones, desde las congregaciones de pocas familias, hasta las grandes conurbaciones? ¿Se ha planeado con las necesidades de operación de esos sistemas y el costo que alcanzarían las tarifas necesarias o la necesidad de subsidios necesarios para la operación de toda la infraestructura? ¿O solo invertiríamos y dejaríamos a su suerte la operación cuya ineficiencia destruyera y degradara toda la inversión, como ha sucedido con la mayoría de los sistemas existentes? ¿Tenemos una política nacional que nos permitiera definir que hacer en cada caso, con las comunidades de 150 habitantes en zonas como Tabasco y Veracruz o en zonas desérticas como las de San Luis, Durango y Sonora, las ciudades entre 10,000 y 100,000 habitantes con climas diferentes o el financiamiento de ciudades medias o conurbaciones mayores? Como alguien dijo, son animales diferentes que viven, comen y se reproducen de diferente manera. La planeación del sector exige visualizar diferentes escenarios y definir diferentes soluciones, aunque el universo de repente nos brindara los medios para hacerlo.

Lo paradójico es que nuestro marco legal no nos lo permite. Más del 80% de las inversiones que los estados plantean a la CONAGUA son para rehabilitaciones, mantenimiento o reinversiones en sistemas totalmente obsoletos, los cuales no han recibido el mantenimiento y rehabilitación necesarios para mantener las infraestructuras. ¿Por qué? Porque los operadores no han tenido los recursos suficientes y porque las autoridades locales no han hecho las inversiones necesarias. Los servicios de agua y saneamiento son responsabilidad municipal y su apoyo corresponde al estado. Y sabemos que muchos de esos operadores no pueden implantar tarifas necesarias para ser sostenibles. Y también sabemos que en muchos casos las poblaciones no podrían soportar las tarifas suficientes. Las poblaciones pequeñas y rurales no son masas económicamente sostenibles. Requieren de apoyos sistemáticos e institucionalizados para sobrevivir y todavía no existe el mecanismo que a nivel nacional facilite a los estados la solución. No existe una ley, una política ni una institución en el país que tenga como su objetivo la solución de buenos servicios de agua para la población. Creo que es la más grande de las paradojas para un servicio vital desde los puntos de vista social y económico. Quedan otros temas, serán para una próxima publicación.

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