RESUMEN EJECUTIVO 1

por Emiliano Rodríguez Briceño
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El cambio climático afectará la disponibilidad, calidad y cantidad de agua para las necesidades humanas básicas, poniendo en peligro el disfrute efectivo del derecho humano al agua y saneamiento de, potencialmente, miles de millones de personas. Los cambios hidrológicos inducidos por el cambio climático dificultarán aún más la gestión sostenible de los recursos hídricos, que ya se encuentran bajo presión en muchas partes del mundo.

La seguridad alimentaria, la salud humana, los asentamientos urbanos y rurales, la producción de energía, el desarrollo industrial, el crecimiento económico y los ecosistemas dependen del agua y, por consiguiente, son vulnerables a las consecuencias del cambio climático. Adaptarse y mitigar el cambio climático por medio de una gestión hídrica es fundamental para el desarrollo sostenible y esencial para cumplir con la Agenda de Desarrollo Sostenible 2030, el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático y el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres.

Repercusiones en los recursos hídricos

El uso global de agua se ha multiplicado por seis en los últimos 100 años y sigue aumentando a un ritmo constante de 1% anual debido al crecimiento demográfico, al desarrollo económico y al cambio en los patrones de consumo. El cambio climático y un suministro más errático e incierto agravarán la situación de las regiones en las que más escasea el agua y crearán escasez en las regiones en las que todavía abunda el agua hoy. La escasez material de agua suele ser un fenómeno más estacional que crónico y es probable que el cambio climático altere la disponibilidad estacional de agua a lo largo del año en varios lugares.

El cambio climático se manifiesta, entre otros aspectos, en el aumento de la frecuencia y magnitud de los fenómenos extremos, como las olas de calor, las precipitaciones sin precedentes, las tormentas y las marejadas ciclónicas.

La calidad del agua se verá afectada negativamente por el aumento de sus temperaturas, la menor cantidad de oxígeno disuelto y por consiguiente, la menor capacidad de autodepuración de los depósitos de agua dulce. Las inundaciones y una mayor concentración de contaminantes durante las sequías aumentarán el riesgo de polución del agua y de contaminación patogénica.

También corren peligro muchos ecosistemas, en especial los bosques y los humedales. La degradación de los ecosistemas no solo producirá una pérdida de biodiversidad, también afectará la disponibilidad de servicios de ecosistema que dependen del agua, como su purificación, la captación y almacenamiento del carbono, la protección natural contra las inundaciones, así como el suministro de agua para la agricultura, la pesca y el ocio.

Las consecuencias del cambio climático se producirán en gran parte en las zonas tropicales, donde se halla la mayor parte de los países en vías de desarrollo. Los pequeños estados insulares en vía de desarrollo suelen ser más vulnerables a los desastres y al cambio climático desde el punto de vista medioambiental y socio-económico y muchos de ellos sufrirán más estrés hídrico. Se prevé que las tierras áridas se extenderán significativamente por todo el planeta. Se pronostica que la aceleración del deshielo de los glaciares afectará negativamente a los recursos hídricos de las regiones montañosas y las llanuras adyacentes.

Pese a que hay una creciente evidencia de que el cambio climático afectará la disponibilidad y distribución de los recursos hídricos, sigue habiendo algunas incertidumbres, especialmente a escala local y de cuenca. Si bien no hay mucha discrepancia acerca del incremento de las temperaturas, que han sido simuladas con diferentes Modelos de Circulación General (GCM por sus siglas en inglés) en escenarios con distintas condiciones, las previsiones sobre las tendencias de las precipitaciones son más variables y ambiguas. A menudo, las tendencias en los eventos extremos (precipitaciones más fuertes, calor, sequías prolongadas) muestran una dirección más clara que las tendencias de las precipitaciones totales anuales y que los patrones estacionales.

Adaptación y mitigación

La adaptación y la mitigación son estrategias complementarias para gestionar y reducir los riesgos del cambio climático.

La adaptación incluye una combinación de opciones naturales, tecnológicas y de ingeniería, así como medidas sociales e institucionales para contener el daño o explotar las oportunidades beneficiosas del cambio climático. Existen opciones de adaptación en todos los sectores relacionados con el agua y deberían estudiarse y aplicarse siempre que sea posible.

La mitigación incluye actuaciones humanas para reducir las fuentes o mejorar los sumideros de gases de efecto invernadero (GHGs). Pese a que también existen opciones de mitigación en cada uno de los sectores relacionados con el agua, la mayoría no se reconocen.

Marcos de política internacional

La Agenda 2030 contempla el agua como un factor de enlace esencial pero (a menudo) no reconocido para la consecución de los distintos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Por consiguiente, no adaptarse al cambio climático no solo pone en peligro la realización del ODS 6 (el ‘objetivo del agua’), sino que también pone en riesgo la consecución de casi todos los demás ODS. Mientras el ODS 13 “Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos” incluye objetivos e indicadores específicos, no hay mecanismos formales que enlacen el ODS 13 con los objetivos del Acuerdo de París, lo que resulta en procesos paralelos.

Aunque el agua no aparezca mencionada expresamente en el Acuerdo de París, es un componente esencial de casi todas las estrategias de mitigación y adaptación. En cambio, el agua sí se identifica como la prioridad número uno de las acciones de adaptación de la mayoría de las Contribuciones Previstas y Determinadas a Nivel Nacional (INDC) y está directa o indirectamente relacionada con otras áreas prioritarias. De igual manera, el agua se menciona poco en el Marco de Sendai, pese a que fluye por cada una de las prioridades de acción y es fundamental para sus siete objetivos.

Los retos de desarrollo, erradicación de la pobreza y sostenibilidad están intricadamente entrelazados con los de mitigación y adaptación al cambio climático, sobre todo gracias al agua. Habida cuenta del papel que juega el agua en la mitigación y adaptación al cambio climático, el agua podría ser el eslabón que une los ODS y los marcos de políticas como el Acuerdo de París.

Gestión de los recursos hídricos, infraestructura y ecosistemas

El cambio climático genera más riesgos para la infraestructura hídrica, por lo que se precisa cada vez más medidas de adaptación.

Al verse exacerbados por el cambio climático, los fenómenos extremos relacionados con el agua constituyen una amenaza aún mayor para la infraestructura hídrica, de saneamiento e higiene (WASH), como los daños de los sistemas de saneamiento, o el anegamiento de las estaciones de bombeo de aguas residuales. La consiguiente expansión de las heces y de los protozoos y virus de estas puede constituir un grave riesgo sanitario y de contaminación cruzada.

En lo que atañe a la infraestructura de almacenamiento de agua, se ha de volver a evaluar la seguridad y la sostenibilidad de los embalses y estudiar las posibles obras de transformación o desmantelamiento para minimizar su impacto medioambiental y social y para optimizar sus servicios

En muchas regiones del mundo, los acuíferos constituyen la mayor reserva de almacenamiento, generalmente mayores en varias órdenes de magnitud que la capacidad de almacenamiento en superficie. Las aguas subterráneas también están más protegidas frente la variabilidad estacional y climática a lo largo de los años y presentan menos vulnerabilidad inmediata que el agua de superficie.

Cada vez resulta más necesario valorar los recursos hídricos ‘no convencionales’ en la planificación futura. La reutilización del agua (o agua regenerada) es una alternativa fiable a los recursos hídricos convencionales para una serie de fines, siempre que esté tratada y/o se utilice con seguridad. La desalinización puede aumentar el suministro de agua dulce, pero generalmente requiere un elevado consumo energético y por consiguiente, puede contribuir a aumentar las emisiones de gases de efecto invernadero si la fuente de energía empleada no es renovable. La captación de la humedad atmosférica, como la siembra de nubes, o la recolección del agua de la niebla son alternativas de bajo coste y con poco mantenimiento para zonas localizadas en las que abunda la niebla advectiva.

El grueso de las emisiones de gases de efecto invernadero debidos a la gestión hídrica y al saneamiento proviene de la energía utilizada para hacer funcionar los sistemas o los procesos bioquímicos del agua o del tratamiento de las aguas residuales. Incrementar la eficiencia del uso del agua y reducir el consumo innecesario y las pérdidas redunda en un menor uso de energía y por consiguiente, en menos emisiones de gases de efecto invernadero.

De entre los ecosistemas terrestres, los humedales son los que albergan las mayores reservas de carbono, ya que almacenan el doble de carbono que los bosques. Si se tiene en cuenta que los humedales brindan múltiples beneficios colaterales – como atenuación de inundaciones y de sequías, depuración del agua y biodiversidad – su restauración y conservación son de suma importancia.

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