Resumen ejecutivo 3/5
Los asentamientos humanos
Las consecuencias del cambio climático en los sistemas hídricos urbanos incluyen, por una parte, temperaturas más altas, menos precipitaciones y sequías más graves; por otra, una mayor frecuencia de las lluvias torrenciales y de los episodios de inundaciones. Precisamente estos extremos hacen que la planificación del espacio urbano y la creación de infraestructura resulten tan complicadas.
La infraestructura física para la provisión de agua y de servicios de saneamiento puede sufrir daños, lo cual puede provocar la contaminación del suministro de agua o el vertido de agua no tratada y de agua torrencial en los entornos residenciales. Tras los episodios de inundaciones se suelen observar enfermedades transmitidas por vectores como la malaria, la fiebre amarilla, la leptospirosis y otras.
La resiliencia del agua urbana trasciende las barreras tradicionales de la ciudad. En los casos en los que el suministro de agua procede de las cuencas fluviales lejanas, la planificación debe abarcar mucho más que los límites de la ciudad y tener en cuenta el impacto a largo plazo de la expansión urbana sobre los ecosistemas de agua dulce y las comunidades locales que también dependen de ellos.
En los pequeños asentamientos urbanos y rurales el uso del agua para la agricultura y en algunos casos para las aplicaciones industriales hace que el agua esté menos disponible para el uso doméstico. El suministro doméstico ha de gozar de prioridad, en cumplimiento de los derechos humanos al agua y al saneamiento.
Nexo: explicar las interrelaciones
Las acciones de adaptación y mitigación de un sector pueden influir directamente en su demanda de agua, lo cual puede, a su vez, aumentar o reducir la disponibilidad local/regional de agua (incluida su calidad) para otros sectores. En los casos en que se reduzca la demanda, dichas acciones pueden conllevar múltiples beneficios intersectoriales y transfronterizos, mientras que un aumento de la demanda de agua puede provocar la necesidad de negociar compensaciones para adjudicar las reservas limitadas.
El uso de agua requiere energía. Por consiguiente, toda reducción en el uso de agua tiene el potencial de reducir la demanda energética del sector hídrico y por tanto, ayuda a combatir el cambio climático (si la fuente energética empleada procede de los combustibles fósiles). A la inversa, la producción de energía también requiere agua. Por el hecho de necesitar muy poca agua, las energías renovables, como la eólica o la solar fotovoltaica (PV) y determinados tipos de producción de energía geotérmica son, con creces, las mejores alternativas energéticas desde el punto de vista del consumo de agua.
Las medidas de eficiencia hídrica en agricultura pueden incrementar la disponibilidad de agua y reducir la energía necesaria para el bombeo, y por ende, reducir la cantidad de agua necesaria para la producción de energía. Un mayor uso de la energía renovable en agricultura (por ejemplo, bombas solares fotovoltaicas) redunda en más posibilidades de disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero y reforzar
las rentas de los pequeños propietarios. Puesto que el 69% del agua que se extrae a nivel global es para la agricultura, reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos también podría repercutir de forma considerable en la demanda de agua y de energía y por consiguiente, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.
La agricultura de conservación permite que el suelo retenga más agua, carbono y nutrientes y conlleva más ventajas ecológicas. Las biomasas y los suelos de bosques, los humedales y los pastizales bien gestionados nos dan la oportunidad de combatir el cambio climático al secuestrar carbono y nos proporcionan beneficios adicionales en el ciclo de nutrientes y de biodiversidad.
Mejorar las modalidades de tratamiento del agua, y especialmente de las aguas residuales, nos brinda un abanico de oportunidades para luchar contra el cambio climático. El agua no tratada es una importante fuente de gases de efecto invernadero. Puesto que más del 80% del agua residual (global) se vierte en el medioambiente sin ser tratada, tratar su materia orgánica antes de verterla podría reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. La reutilización del agua residual no tratada o parcialmente tratada puede reducir la cantidad de energía que se consume en la extracción del agua, en el tratamiento avanzado y, en los casos en los que se reutilice el agua residual en el propio vertedero o cerca, el transporte. El biogás producido durante los procesos de tratamiento de las aguas residuales se puede recuperar para alimentar la propia planta de tratamiento, de modo que su balance energético sea neutro, contribuyendo así a ahorrar más energía.
Gobernanza
Tanto la gestión climática como hídrica requieren mecanismos de supervisión y de coordinación. La fragmentación sectorial y la competencia entre las administraciones pueden plantear graves amenazas a la integración entre escalas. Por ello se necesita: 1) mayor participación pública para debatir y gestionar el riesgo climático, 2) construir capacidad de adaptación a múltiples niveles, y 3) dar prioridad a la reducción del riesgo y a los grupos vulnerables.
‘Buena gobernanza’ significa cumplir los principios de los derechos humanos, incluida la eficacia, la sensibilidad y la responsabilidad; apertura y transparencia; participación en la realización de las funciones clave de la gobernanza relacionadas con el diseño político e institucional; planificación y coordinación; regulación y licencias. Para realizar la integración, la Gestión Integrada de Recursos Hídricos (GIRH) pone a disposición un proceso que involucra a las partes interesadas de la sociedad, de la economía y del medioambiente.
Una mayor participación pública en la gestión del riesgo climático puede resultar indicada para construir capacidad de adaptación a múltiples niveles, evitar las trampas institucionales y dar prioridad a la reducción del riesgo para los grupos socialmente vulnerables. Al mismo tiempo, la información y los datos científicos deben estar al alcance del nivel local y han de incluirse como información en los procesos locales de toma de decisiones con múltiples actores.
Mientras los gobiernos siguen siendo responsables de dirigir las medidas nacionales de adaptación y mitigación del cambio climático, así como de la gobernanza del agua, el proceso de cambio siempre se llevará a cabo desde la colaboración. Hay muchas señales de que la gente joven está cada vez más preocupada por el cambio climático. Las ciudades también están encabezando la acción por el clima en muchos países, y algunas de las mayores empresas se han comprometido a reducir su huella hídrica y sus emisiones de gases de efecto invernadero para enfrentar sus contribuciones a la escasez de agua y el cambio climático.
La pobreza, la discriminación y la vulnerabilidad están íntimamente ligadas y confluyen. Las mujeres y las niñas de grupos étnicos minoritarios o de áreas remotas y desfavorecidas pueden sufrir múltiples formas de exclusión y opresión. Cuando se producen los desastres, se exacerban estas desigualdades, por lo que es más probable que los pobres se vean afectados. Los pobres también tienen más probabilidad de perder relativamente más que los no pobres.
Financiación
Los niveles actuales de financiación resultan inadecuados para alcanzar el objetivo de disponibilidad universal y gestión sostenible del agua y del saneamiento, como establecido por la comunidad internacional. Los desarrolladores de los proyectos hídricos podrían apuntar a incrementar la porción de fondos que recibe el sector del agua en el marco de la financiación del clima y resaltar la relación del agua con otros sectores ligados al clima para así conseguir más financiación para la gestión hídrica.
Dos tendencias prometedoras están creando oportunidades para que los proyectos hídricos accedan a la financiación climática. La primera es el creciente reconocimiento del potencial valor que encierran el agua y los servicios de saneamiento para contrarrestar el cambio climático. Esta tendencia podría ser especialmente ventajosa, ya que la mitigación aglutinó el 93,8% de la financiación climática en 2016, pero los proyectos hídricos tan sólo recibieron una parte del uno por ciento de dicha cantidad. La segunda tendencia es el creciente énfasis que se hace en financiar la adaptación al cambio climático.
Acceder a la financiación climática puede resultar competitivo y difícil, especialmente para los proyectos hídricos complejos que trascienden las fronteras nacionales. Los proyectos sobre el clima financiables son los que guardan una relación claramente expuesta con las consecuencias del cambio climático, están familiarizados con los procesos de financiación y los cumplen estrictamente, y a veces también hace falta que cuenten con fuentes de financiación adicionales. Para ser considerado financiable, un proyecto que cuente con utilizar la financiación climática ha de abordar explícitamente las causas y/o consecuencias del cambio climático. Los proyectos que comunican y abordan riesgos y aportan beneficios adicionales en otras áreas como la salud, también se consideran más financiables.
Las estrategias diferenciadas que tienen especialmente en cuenta las necesidades de resiliencia de los grupos marginados también deberían incorporarse en los planes y proyectos más amplios sobre el nexo agua-clima.
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1 comentario
Interesantisimo reporte! Múltiples oportunidades de desarrollo (social, económico, de recursos) se abren como alternativas y posibles soluciones a la grave problemática del cambio climático. Sin embargo, a pesar de que el mundo está casi en el punto de no retorno, cabe preguntarse por qué ni los gobiernos ni los individuos han tomado acción?