Resumen ejecutivo 5/5
Asia y Pacífico
Los pronósticos sobre el impacto hídrico del cambio climático a escala subregional en Asia y el Pacífico muestran una gran variación y poca confianza. La región es muy vulnerable a los desastres climáticos y a los fenómenos meteorológicos extremos, que afectan desproporcionadamente a los grupos pobres y vulnerables. Los efectos hídricos del cambio climático confluyen con otras tendencias socio-económicas que afectan a la calidad y cantidad del agua, como la industrialización (que está reorganizando la demanda sectorial de agua y aumentando la contaminación), el crecimiento demográfico y la rápida urbanización. Ésta última también ha incrementado la exposición a riesgos hídricos naturales, como las inundaciones.
El cambio climático y la creciente demanda de agua ejercerán aún más presión sobre los recursos hídricos subterráneos de la región, que ya están de por sí muy explotados en algunas zonas debido a la creciente demanda de agua para el regadío.
A nivel nacional, las prioridades que se han identificado para acelerar la acción agua-clima incluyen: mejorar la gobernanza hídrica y la productividad del agua para gestionar la competencia entre las necesidades de la agricultura, la energía, la industria, las ciudades y los ecosistemas; promover soluciones naturales que puedan reducir las emisiones y mejorar la resiliencia; integrar la lucha contra el cambio climático y la reducción del desastre en todo el ciclo de proyectos y políticas.
Las cuencas transfronterizas de Asia necesitan urgentemente una cooperación regional en torno a la inversión y la información, así como en áreas institucionales como la gobernanza, la capacidad y las alianzas.
Asia Occidental y Norte de África
La vulnerabilidad al cambio climático es de moderada a alta en toda la región, con un gradiente generalmente creciente de Norte a Sur. La escorrentía y la evapotranspiración generalmente siguen las mismas tendencias que la precipitación, aunque la evapotranspiración es limitada debido a la escasez de agua.
Las áreas con la mayor vulnerabilidad al cambio climático son el Cuerno de África, el Sahel y la parte suroccidental de la Península Arábiga, que albergan algunos de los Países Menos Desarrollados de la región. Pese a que su exposición al cambio climático varía, todos ellos tienen poca capacidad de adaptación.
A los amplios problemas que plantea el cambio climático y a la limitada capacidad de adaptación se suman las complejas dinámicas socioeconómicas y políticas que afectan al agua en los niveles regional, nacional y supranacional. La politización y la militarización de los recursos hídricos, la dislocación y la degradación de la infraestructura hídrica han constituido un grave problema para los países sacudidos por conflictos. Siguen persistiendo desigualdades en el acceso y el control de los recursos hídricos, especialmente entre los entornos urbano-rural y entre géneros.
Los actores regionales identificaron muchas prioridades y oportunidades relacionadas con el agua que incluían: hacer que el desarrollo urbano sea más sostenible; mejorar los datos, la investigación y la innovación; incrementar la resiliencia de las comunidades vulnerables expuestas a las inundaciones y a las sequías y amenazadas por la inseguridad alimentaria; promover una mayor integración de las políticas en los ámbitos de mitigación, adaptación y desarrollo sostenible; y mejorar el acceso a la financiación, incluso a través de fondos internacionales para el clima y mediante el desarrollo de mercados locales y productos de inversión.
El camino a seguir
Dada la naturaleza transversal del agua y del clima, que afectan a diferentes sectores económicos y de la sociedad, se han de resolver conflictos de intereses a todos los niveles y prever mecanismos compensatorios para negociar soluciones integradas y coordinadas. Esto requiere un enfoque justo, participativo y multilateral sobre la gobernanza del agua en el marco del cambio climático.
Cada vez hay más oportunidades de integrar de forma genuina y sistemática la planificación de la mitigación y la adaptación en las inversiones hídricas, haciendo que estas inversiones y las actividades asociadas a ellas resulten más atractivas para los financiadores del clima. Además, algunas iniciativas sobre el cambio climático relacionadas con el agua también pueden tener repercusiones secundarias positivas, como creación de empleo, mejora de la salud pública, reducción de la pobreza, la promoción de la igualdad de género y mejores condiciones de vida, entre otras.
Pese a que la evidencia que demuestra que el cambio climático está afectando al ciclo hidrológico global es cada vez mayor, sigue habiendo mucha incertidumbre a la hora de pronosticar su impacto a una escala geográfica y temporal menor. Sin embargo, esta incertidumbre no tiene que considerarse como una excusa para no actuar. Al revés, debería convertirse en un estímulo para ampliar la investigación, para promover el desarrollo de herramientas prácticas y analíticas y tecnologías innovadoras, para adoptar enfoques en los que no haya nada que lamentar y para construir la capacidad institucional y humana necesaria para favorecer una toma de decisiones informada y fundada en la ciencia.
La necesidad de entablar una mayor cooperación entre las comunidades del agua y del clima va mucho más allá del ámbito de la investigación científica. Por una parte, es necesario que la comunidad del cambio climático y los negociadores del clima en concreto, presten más atención al papel del agua y reconozcan su crucial importancia a la hora de abordar la crisis climática. Por otra parte, es igual de importante (si
no más) que la comunidad del agua centre sus esfuerzos en promover la importancia del agua, tanto en términos de adaptación como de mitigación, que desarrolle propuestas de proyectos hídricos para que se incluyan en las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC), y se refuercen los medios y la capacidad de planificar, ejecutar y monitorizar las actividades de las NDC relacionadas con el agua.
Conjugar la adaptación y la mitigación del cambio climático a través del agua es una propuesta que beneficia a todos. En primer lugar, facilita la gestión de los recursos hídricos y mejora el suministro de agua y la prestación de servicios sanitarios. En segundo lugar, contribuye directamente a combatir tanto las causas como las consecuencias del cambio climático, incluida la reducción del riesgo. En tercer lugar, contribuye directa o indirectamente a cumplir varios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (hambre, pobreza, salud, energía, industria, acción por el clima y por supuesto, el ODS 6 del agua), además de otros objetivos globales.
En una época en la que abundan los estudios y artículos pesimistas y catastróficos sobre el cambio climático y otras crisis medioambientales globales, este informe propone una serie de respuestas.
