En poco tiempo se cumplirán 25 años de haber cerrado la etapa de la Comisión Estatal de Aguas de Querétaro.
Después de casi 10 años de haber sido Vocal Ejecutivo de la Comisión, el Gobernador del Estado me pidió mi renuncia en una reunión personal y la única pregunta que le hice fue, qué pasaría con mi equipo de trabajo directivo que durante los 10 años me había acompañado, cuya permanencia había sido muy importante para los logros que habíamos alcanzado y que había sido una solicitud mía cuando él me había invitado a trabajar tras mi primera etapa de seis años. Cuando terminó la reunión, llamó a sus colaboradores, el Secretario de la Contraloría y el de Finanzas para informarles la decisión y les comentó mi única petición y el ofrecimiento que me había hecho de que, fuera de una o dos personas de extrema confianza, el equipo seguiría trabajando como había venido haciéndolo. Fue mentira porque en forma encadenada los fueron despidiendo sin siquiera hacerles la liquidación de ley que les correspondía. Dejábamos la Comisión en muy buenas condiciones financieras, incluyendo reservas para la liquidación de todos los empleados si fuera necesario. La Comisión estaba en condiciones económicas muy buenas a diferencia de las condiciones del resto de gobierno que se hallaba profundamente endeudado y que obviamente requería de los recursos de la Comisión para solventar diferentes situaciones.
Después de diferentes negociaciones, en las que participé porque el gobernador me había pedido que continuará trabajando en gobierno en un puesto de coordinación, al fin les otorgaron una liquidación que sin ser la que legalmente les correspondía, les permitía continuar a cada uno con su rumbo. Uno de ellos, de los más cercanos y probablemente el más joven, se acercó a preguntarme si había valido la pena tanto esfuerzo, comportarnos sin cometer actos inadecuados y rechazando muchas ofertas de contratistas y fraccionadores que se habían acercado en busca de privilegios. Le contesté que era una respuesta que correspondía a dar a cada uno de nosotros, que en mi caso, aún sabiendo las condiciones en las que terminaríamos, hubiera hecho lo mismo y que probablemente de alguna manera ya sabía que el trabajo en el gobierno no merecería al final, ni agradecimiento ni recompensas cualquiera que hubiera sido la actuación. Que sentía mucho si él no se sentía a gusto, pero que si continuaba trabajando en el gobierno debía de esperar respuestas semejantes al final de cada etapa, pero que nuestra forma de hacer las cosas tenía que ser una respuesta ética de cada uno.
Una noche, saliendo del estacionamiento con mi camioneta, una persona se acercó y me tocó el cristal de la ventana, ante mi mirada de extrañamiento porque no lo conocía, me dijo:
-Usted no me conoce, pero yo sí. Sé quién es y lo que ha hecho al frente de la Comisión por lo que me permito felicitarlo y agradecerle las condiciones en que trabajó. Sólo quería decirle esto-.
Dio la vuelta y con un saludo levantando la mano se alejo. Subí el cristal de mi ventana y al echar la camioneta a andar, pensé -Valió la pena!!-.
Otro día fui al boliche en el que la CEA organizaba un torneo cada año para los trabajadores, a cerrar en forma definitiva mi locker y recoger mi bola y mis zapatos de jugar. Al estar cerrando la puerta del locker se me acercó una de las jugadoras, trabajadora de la CEA, y me dijo que seguramente no la conocía, me turbé porque en efecto no recordaba haberla visto nunca. Sonriendo dijo que me admiraba mucho, me felicitaba y me agradecía por todo lo que había hecho por la Comisión y los trabajadores. Me sentí un poco abrumado y dándole las gracias me retiré, mientras ella regresaba a seguir jugando.
Al hombre que me felicito nunca he vuelto a verlo y nunca supe quien era, pero le agradezco el gesto. A la chica, volví a encontrarla unos años después, cuando uno de los amigos con quienes había organizado un despacho de consultoría, la invitó a trabajar con nuestro equipo en labores ni siquiera relacionadas conmigo en ese momento, aunque luego formamos parte de equipos de trabajo conjunto.
Mi forma de trabajo como consultor y posteriormente nuevamente como funcionario de gobierno en diferentes niveles, ha sido siempre la misma. Ahora que se ha cerrado una nueva etapa y que seguramente no volveré a formar parte del gobierno como funcionario en cualquiera de sus niveles, estas anécdotas vienen a mi mente. Mantengo siempre mi agradecimiento a la persona que nunca volví a ver y a la chica que sigue, después de más de 20 años, junto a mí como mi esposa.
Si, ¡Valió la pena!

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Estas historias de vida
!Siempre valdrán la pena…!