REFLEXIONES DERIVADAS DEL CORONAVIRUS

por Emiliano Rodríguez Briceño
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Dentro de su trayectoria como funcionario, investigador y académico, el Doctor Fernando J. González Villarreal fue director del Plan Nacional Hidráulico, aún vigente en la mayor parte de sus postulados. Además de crear las más importantes instituciones del sector agua en nuestro país, la Comisión Nacional del Agua y el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua, garantizó su permanencia al incluirlas al abrigo de la Ley de Aguas Nacionales, de cuyo proyecto de ley fue responsable. Con ello, dio estructura jurídica a la gestión del recurso en la nación. Su libro Aguas Turbulentas, comentado en esta pagina, es una lectura indispensable para conocer, de primera mano, el desarrollo de los trabajos llevados a cabo durante los últimos cincuenta años y que dieron como resultado el establecimiento de las bases sobre las cuales se sostiene la actual política hídrica en nuestro país. Hoy, como miembro del Instituto de Ingeniería y Coordinador Técnico del Centro Regional de Seguridad Hídrica bajo los auspicios de la UNESCO, nos honra permitiéndonos publicar su artículo “Reflexiones derivadas del Coronavirus”

ANTECEDENTES

Hace solo unos meses, a finales de 2019, no era imaginable que un pequeño virus, el SARSCOV-2, podría paralizar al mundo. Era impensable que cientos de millones de personas estaríamos confinados en casa, que millones de vehículos estarían inmóviles y que buena parte de las empresas estarían cerrando, al menos temporalmente. Era increíble que tendríamos miles de muertos e infectados en unas cuantas semanas.

Las pandemias en el mundo han sido tema de muchos libros de horror y de historias de terrorismo internacional, y también de grandes novelas, como La peste de Albert Camus. Se estima que la viruela mató al 90 % de la población original de México en el siglo XVI; la peste negra mató a más de la mitad de la población de Europa en el siglo XIV (Virgili, 2020); la influenza española, en 1918 y 1919, dejó 21 millones de muertos (Francis, 2003); y el cólera ha diezmado amplias regiones de Asia y de América.

Además del sufrimiento humano que provoca la enfermedad, las pandemias causan reacciones de pánico, desorganizan la estructura social y económica y dificultan el desarrollo de las comunidades afectadas (Morán, 2020).

La peste negra es considerada como la pandemia más mortífera y con el impacto más duradero en la historia de la humanidad. Se cree que el brote comenzó en Asia Central y desde allí pasó por la Ruta de la Seda hasta llegar a la península de Crimea en 1343. Se esparció por toda Europa usando como medio de transporte principalmente a los barcos mercantes. Las estimaciones sostienen que entre el 30 % y el 60 % de la población pudo haber muerto en la pandemia. El continente tardó 200 años en recuperar su nivel de habitantes anterior.

A lo largo de la historia, poblaciones de todo el mundo se han visto afectadas de forma esporádica por brotes devastadores de cólera. La primera pandemia probablemente comenzó en 1817. En 1961 se declaró la séptima ola pandémica de cólera en Indonesia y se propagó rápidamente por América Latina, causando casi 400 000 casos notificados y más de 4000 defunciones en 16 países.

En esta nota se relatan vivencias en tres pandemias: una de cólera, otra durante la gripe  A (H1N1), y en el presente con el COVID-19. A partir de estas experiencias, se desarrollan las reflexiones y las interrogantes sobre los posibles escenarios que parecen factibles en medio de la gran incertidumbre que hoy se vive.

En 1992 apareció en Bangladesh un nuevo serogrupo –derivado genéticamente del biotipo El Tor- que causó una extensa epidemia de cólera. En México, esta enfermedad comenzó en San Miguel Totoltepec, un pequeño poblado del Estado de México, y se extendió en pocos meses por prácticamente todo el territorio nacional, a pesar de los esfuerzos por mantener la epidemia confinada. Aunque hubo regiones, como la Huasteca hidalguense, en donde las capacidades hospitalarias fueron rebasadas, la epidemia se controló mediante cuatro medidas que se aplicaron en todo el país: 1) la puesta en marcha de una campaña para que la población se lavara las manos antes de comer y después de ir al baño y que bebieran agua hervida o desinfectada con cloro; 2) desinfección con cloro de prácticamente todas las fuentes de agua potable, incluyendo los carros tanque (pipas); 3) inspección de la calidad de las aguas embotelladas y las fábricas de hielo, clausurándose cerca del 50 % que no cumplían con la norma; y 4) destrucción de los cultivos de hortalizas que se comen crudas y que eran regadas con aguas servidas, junto con la vigilancia de las descargas de las plantas de tratamiento de aguas negras (González-Villarreal, 2018).

La epidemia se controló y, como un beneficio adicional, se redujo, en 50% y en solo dos años, la mortalidad infantil por enfermedades hídricas. Claramente el éxito se logró por una movilización masiva del gobierno federal de los gobiernos estatales y municipales y de la sociedad en general, bajo la dirección de la Comisión Nacional del Agua. Quedó demostrado que fueron las acciones del sector agua las que tuvieron el mayor impacto en el control de la epidemia.

Otra experiencia reciente la constituye la pandemia de la influenza A (H1N1), que se originó en México por una variante de la influenza A de origen porcino, y que se extendió por varias regiones geográficas. Parte muy importante en la estrategia, que logró su control en México, fue la disminución del contacto lo cual causó un fuerte daño a la economía de regiones y sectores en el territorio mexicano. Nuevamente, la recomendación sobre el lavado frecuente de las manos y otras medidas de higiene fueron centrales para su control.

La estrategia para evitar la propagación de la pandemia del COVID-19 tiene características especiales (en el COVID 19 una persona infectada contagia entre 2 y 2.5 personas mientras el A (H1N1) es de 1.2 a 1.6) de nuevo, se  basa en mantener una sana distancia y no tocarse la cara con las manos. Pero el elemento central para evitar el contagio es la higiene personal y el lavado constante de manos con agua y jabón.

Cumplir con esta última recomendación se dificulta cuando las personas no tienen acceso a las redes de agua potable. Tan solo en México más de 10 millones de personas de bajos ingresos carecen de acceso a sistemas mejorados de agua y son, en su mayoría, habitantes del medio rural y de zonas periurbanas. En situación vulnerable se encuentra también más del 50 % de las familias que están conectadas a las redes de distribución de agua, pero no la reciben todos los días y la calidad del agua no cumple con las normas de salud. Quienes tienen este servicio deficiente, frecuentemente se ven en la necesidad de comprar agua de carros tanque y botellas de agua, y terminan pagando una alta proporción del ingreso familiar por un mal servicio. Este acceso deficiente en cantidad y calidad produce inseguridad hídrica y es potencialmente fuente de enfermedad para millones de familias pobres que reciben agua fuera de norma y a las cuales se les complica prevenir el contagio, pues se les dificulta lavarse las manos al recibir agua escasa y de mala calidad.

REFLEXIONES DERIVADAS  del COVID 19

Se comprueba una vez más que el acceso al agua en cantidad suficiente y de calidad adecuada es fundamental para la salud y bienestar de la población. Pone de manifiesto la relevancia de hacer del acceso al agua una meta Global del Desarrollo Sustentable. Fue un elemento fundamental para combatir la pandemia de cólera de 1992, la de Influenza AH1N1 de 2009 y también juega un papel central en el combate a COVID-19.

Las medidas para tratar los problemas globales requieren de una nueva arquitectura de las agencias internacionales, más recursos y un cambio en la solidaridad de los países desarrollados para atender a los países en desarrollo. Ahora más que nunca vivimos en un mundo conectado en que todos por igual somos vulnerables a los fenómenos globales, aunque las afectaciones se diferencian entre los estratos socioeconómicos (Rivera, 2020; Human Rights Watch, 2020). Si la peste negra se diseminó por el mundo, lo hizo a bordo de pocos barcos que transportaban un puñado de personas. Hoy los viajeros se han multiplicado hasta alcanzar millones de pasajeros por día y en muy pocas horas recorren largas distancias en distintos continentes.

Se necesitan mecanismos que hagan posible que los planes de mediano y largo plazos se implementen sin la necesidad de que exista una crisis de por medio. Hubo voces que advirtieron sobre una nueva pandemia y no fueron escuchadas. Por nombrar algunos, Bill Gates (2015), y la Organización Mundial de la Salud en 2019 (Stracqualursi, 2020), llamaron la atención sobre el grave riesgo de tener una pandemia de grandes consecuencias. Se dijo que era seguro que se iba a presentar, la única incógnita era cuándo.

Evidentemente la preparación para enfrentar esta pandemia fue insuficiente. Los gastos militares y de producción de armas, la especulación en los mercados internacionales, el acaparamiento financiero, entre múltiples medidas, han evitado disponer de los recursos necesarios para construir un sistema robusto de salud global. Se han postergado las acciones de protección al planeta y, en cambio, fabricamos productos superfluos. Pensar e implementar planes de largo plazo se contrapone con regímenes electoreros preocupados por ganar la próxima elección y una economía de mercado con empresas orientadas a maximizar las ganancias inmediatas y conservar el valor de las acciones en las bolsas de valores en el muy corto plazo.

Hemos dado prioridad a la producción y consumo de artículos de lujo que, si bien son resultado de la “modernidad”, se contraponen innecesariamente con la producción de bienes y servicios de primera necesidad como alimentos, productos para la salud y, en particular, buenos servicios de agua. La Organización de las Naciones Unidas considera un gran logro en la Agenda 2030 el haber convertido al acceso al agua potable y al saneamiento en uno de los Objetivos del Desarrollo Sostenible. Por su parte, México ha elevado a rango constitucional el derecho humano al agua en 2012. En la práctica, estas medidas son intrascendentes, como lo demuestra la disminución en las inversiones dedicadas al cumplimiento de estas metas. Las acciones se postergan y, como consecuencia, los servicios se deterioran en perjuicio de los más pobres.

UN NUEVO MUNDO 

Aún en los escenarios más optimistas, se plantea que la crisis sanitaria se extenderá por varios meses, en tanto que la crisis económica resultante podría medirse en años, dependiendo de las acciones que hoy tomen los países: individual y globalmente. Pensar que después de la crisis todo volverá a ser igual es un error.

La crisis pasará, el reto es no paralizarse. La historia nos enseña que la actual pandemia dejará muchos muertos y muchos sufrimientos, especialmente para las familias más pobres, así como pérdidas económicas gigantescas. Pero también ofrece lecciones y oportunidades de cambio.

Se abre la oportunidad de pensar en un renacimiento en donde las cosas cambien para que no continuemos haciendo lo mismo. Más de lo mismo nos llevó a esta crisis. Es muy pronto para hacer un pronóstico, pero se puede tener una visión de los nuevos escenarios que remplacen a los que se formularon hace un par de años.

¿Caminaremos hacia un mundo más globalizado y solidario, a uno con fuertes regionalismos que compitan entre sí, o bien uno con fronteras nacionales más cerradas y fuertes nacionalismos?

¿Avanzaremos en la tecnología digital en forma exponencial para un beneficio más incluyente o continuaremos la tendencia de provocar mayores concentraciones de ingreso y bienestar, en parte debido a un desarrollo tecnológico acelerado?

¿Se postergarán inversiones en infraestructura para atender la crisis económica o se privilegiará la inversión en obras para alcanzar una seguridad global al mismo tiempo que se alcance una recuperación económica?

¿Avanzaremos para fomentar la investigación científica, la innovación y la infraestructura con el fin de alcanzar la seguridad global y así estar preparados para sortear las dificultades y los riesgos asociados al cambio climático, los sismos y los fenómenos extremos?

¿Podremos avanzar en la seguridad hídrica como eje para mejorar la salud, el bienestar de las familias y la sustentabilidad del planeta o continuaremos con su deterioro progresivo?

El concepto de seguridad hídrica universalmente aceptado es lo suficientemente amplio para hacer frente a situaciones de emergencia sanitaria como la que experimentamos ahora y, al mismo tiempo, brinda los elementos para emprender acciones concretas que lo vuelvan una realidad, se requiere una profunda  reformulación que coloque al agua al centro de la discusión de otros fenómenos globales.

Se necesita trabajar para superar la verdadera tragedia de no luchar para vencer la adversidad y que la presión de la crisis nos impida ser creativos para formar un movimiento que nos permita transitar hacia los escenarios más favorables.

Es necesario hacer un llamado a pensar en cómo prepararnos para el “nuevo mundo”. El llamado a la acción ha respondido favorablemente para solventar los problemas de corto plazo. Pero también se requiere actuar para llevar agua segura a todas las personas; hoy más que nunca nadie debe quedarse atrás, ello implica atender a numerosas familias que forman un mosaico cultural, social y económico muy diverso. Hoy más que nunca, se requiere el ingenio, la tecnología y la innovación del sector hídrico y de su coordinación con todos los sectores relacionados.

Desde el Centro Regional de Seguridad Hídrica bajo los auspicios de UNESCO, hacemos un llamado a todos los actores involucrados en alcanzar la Seguridad Hídrica en América Latina y el Caribe para que juntos pensemos los futuros escenarios de la Seguridad Hídrica ante la nueva normalidad y que construyamos los cursos de acción para reconstruir el sector hídrico en beneficio de todas las personas.

Necesitamos pasar del discurso “el agua es vida” a acciones específicas para garantizar que el agua, en efecto, sea factor de vida, no solo en la crisis y para los individuos, sino en la preservación de nuestro planeta y de todos los que habitamos en él.

2 comentarios

Felipe de J. García Rodríguez 18 abril, 2020 - 8:21 am

Excelente artículo, muchas gracias Doctor

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José Antonio Gutierréz Zenteno 4 mayo, 2020 - 9:21 pm

Muy bueno, ojala Doctor ahora si nos pongamos las pilas todos los involucrados en el sector hídrico y que realmente exista la participación de todos los interesados en el sector para aportar su granito de arena y hagamos mejor las cosas y que los técnicos no se vean rebasados por la política, muchas gracias Emiliano por compartir este articulo

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